«Trabaja seis días y haz en ellos todo lo que tengas que hacer»
Éxodo 20: 9.
Dios diseñó primero, y luego trajo a la existencia, un mundo de increíble belleza, con animales de todas las especies para habitarlo. Y, en el sexto día, formó al ser humano a su imagen y semejanza, para que fueran criatura felices en presencia de sucreador.
Aun cuando la creación estaba completa y era bella y perfecta, Dios plantó para Adán y Eva un jardín, y les dio un trabajo para que hicieran: debían cuidar del jardín y de los animales (ver Génesis 2: 1-15). Al darle ese trabajo a la pareja edénica, Dios quiso enseñarles a sus hijos a administrar bien su tiempo: una porción de él debía ser usada para cuidar del jardín; la otrá, para relacionarse con los seres celestiales, recibir la visita de Dios y oír sus instrucciones.
Dios no creó el trabajo para que fuera algo agotador, sino como parte de una rutina agradable y restauradora, que debía tener como prioridad la interacción diaria con el Creador. El trabajo no debía comprometer el tiempo destinado a relacionarse con él.
Antes de que existiera el cansancio, Dios ya había creado un día de descanso. Eso nos dice mucho acerca de saber optimizar las prioridades respecto a la relación entre el tiempo y trabajo. Dios no creó a la humanidad solo para que produjera bienes y servicios, sino que la relación personal con él debía tomar prioridad sobre cualquier producción eficiente.
Con la caída llegaron las espinas, los cardos y el sudor. Una vida de continua labor y ansiedad fue designada a Adán, en lugar del alegre y feliz trabajo anterior.
Hoy, Dios sigue siendo el Creador y, como tal el propietario de cada criatura. Dependemos de él para nuestra existencia y somos responsables por hacer un uso apropiado del tiempo, las capacidades, el trabajo; las posesiones, las oportunidades, las bendiciones de la tierra y los recursos bajo nuestro cuidado.
También somos responsables de saber gestionarnos bien a nosotros mismos Para ello, es imprescindible que aprendamos a renovar nuestras fuerzas por medio del reconocimiento de quiénes somos nosotros y quién es Dios. Y precisamente esta es una función vital del sábado.
El trabajo digno y honrado nos es concedido por Dios para que lo realicemos de la mejor manera posible, pero sin comprometer la relación especial con él.
Bajo esa perspectiva, ¿qué lugar ocupa el trabajo en tu vida?¿Favorece tu comunión con Dios o la compromete? Reflexiona si es momento de hacer algunos ajustes y tomar decisiones importantes.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
