Se nos presentan lecciones importantes en la experiencia de Elías. Cuando sobre el monte Carmelo ofreció la oración pidiendo lluvia, su fe fue probada, pero perseveró en presentar su pedido a Dios… Si, desalentado, hubiera abandonado a la sexta vez, su oración no hubiera sido contestada pero perseveró hasta que llegó la respuesta. Tenemos un Dios cuyo oído no está cerrado a nuestras peticiones, y si ponemos a prueba su palabra, él honrará nuestra fe. Quiere que todos nuestros intereses estén entrelazados con los suyos, y entonces podrá bendecirnos sin peligro, porque ya no nos atribuiremos la gloria cuando llegue la bendición; sino que daremos a Dios toda la alabanza. Dios no siempre contesta nuestras oraciones la primera vez que le rogamos, porque si lo hiciera, pensaríamos que tenemos derecho a todas las bendiciones y favores que nos concede. En vez de escudriñar nuestros corazones para ver si acariciamos algún mal o nos complacemos en algún pecado, nos volveríamos descuidados y fallaríamos en comprender nuestra dependencia de él, y nuestra necesidad de su ayuda.
Elías se humilló hasta que estuvo en condiciones de no atribuirse a sí mismo la gloria. Esta es la condición por la cual el Señor escucha la oración, porque entonces daremos a él la alabanza. La costumbre de alabar a los hombres da como resultado un gran mal. Uno alaba al otro, y de esta forma los hombres llegan a creer que la gloria y la honra les pertenecen. Cuando ensalzáis a un hombre, estáis poniendo una trampa para su alma, y hacéis justamente lo que Satanás quiere que hagáis… Solamente Dios es digno de ser glorificado.
A medida que [Elías] escudriñaba su corazón, parecía disminuirse más y más, tanto en su propia estima como a la vista de Dios. Le parecía que no valía nada, y que Dios lo era todo: y cuando alcanzó el punto de renunciar a sí mismo, mientras se aferraba al Salvador como su única fuerza y justicia, la respuesta llegó (Conflicto y valor, 25 de julio, p. 212).
El siervo vigilaba mientras Elías oraba… Al investigar su corazón, se consideraba más disminuido, tanto en su propia estima como a la vista de Dios. Le parecía que él no era nada y que Dios lo era todo; y cuando llegó al punto de renunciar al yo, mientras se aferraba del Salvador como su única fortaleza y justicia, llegó la respuesta (Hijos e hijas de Dios, 18 de julio, p. 208).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2026.
2do. Trimestre 2026 «CRECIENDO EN NUESTRA REALCION CON DIOS»
Lección 7: «LA ORACIÓN»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
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