“El polvo volverá a la tierra; el espíritu regresará a Dios” (Eclesiastés 12:7).
En París hay un enorme monumento, rodeado de jardines, edificios, mármol y mucho silencio. Pero mucho silencio. El lugar se llama Los Inválidos, y debe su nombre a los soldados heridos de guerra que se alojaban allí para recuperarse. Hoy es una hermosa catedral con una cúpula dorada que refleja los rayos del sol y llama la atención de todos hacia su interior.
Se trata de una de las mayores atracciones del país, pues allí se encuentra el mausoleo más importante de Francia. Bajo la cúpula brillante desciende una inmensa cripta de tonos marrones oscuros, repleta de inscripciones que celebran grandes victorias militares. Hay seis ataúdes (¡sí, seis!), uno dentro del otro, que resguardan de forma inviolable el contenido más preciado: los restos mortales del francés más famoso del mundo, Napoleón Bonaparte.
Él fue el emperador que llevó a Francia a sus mayores conquistas, con reformas económicas, religiosas y civiles. El lugar, de atmósfera casi sagrada, impresiona por la reverencia y la ostentación dedicadas a una figura sin igual que vivió hace siglos. Junto a la grandiosa tumba de Napoleón reposan los restos de otros generales y líderes que marcaron para siempre la historia francesa.
Sin embargo, es imposible escapar de una verdad incómoda: todos los que están allí ya no son; solo fueron. Por más protegido que esté el homenajeado, dentro de seis capas de mármol, granito y cemento, solo quedan huesos y pasado. El hombre vino del polvo y al polvo volverá.
La vida es diferente para cada uno, pero la muerte iguala a todos. Nadie escapa a la sentencia de muerte pronunciada en el Edén, cuando Adán y Eva cayeron en la mentira de la serpiente. Mientras estemos vivos, lo único que tenemos es la oportunidad del ahora. Después, todo pasará, y solo quedarán recuerdos de lo que fue.
Aprovecha este regalo que Dios te dio: el presente. Toma decisiones correctas y no idolatres esta vida antes del cielo. Al fin y al cabo, las tumbas grandiosas no traen de regreso a los grandes. Fuimos creados para la eternidad, y eso vale más que los funerales imperiales. Escribe junto a Jesús tu nombre en la historia: una historia sin fin.
Tomado de la: Lectura Devocional de Adolescentes 2026
“LA VUELTA AL MUNDO EN 365 DÍAS»
Por: Odailson Fonseca
Colaboradores: Matilde Reyes y Adriana Jiménez
