«No permitan que la ira los haga cometer pecados; que la noche no los sorprenda enojados»
Efesios 4: 26, PDT.
La ira, al igual que la alegría, la tristeza o el miedo, es una emoción; es una señal de alerta que nos indica cómo andan las cosas en nosotras. Es una etapa más allá de la rabia que, a veces, nos lleva a tener reacciones inmediatas que pueden ser desmedidas en relación con lo que generó en nosotras la emoción.
La alarma de la ira se enciende cuando algo amenaza nuestro bienestar emocional. Esto desencadena en nuestro organismo comportamientos rápidos y eficaces para la supervivencia.»Los estímulos externos que hacen encender esta alarma varían según la persona, pero todos hacen lo mismo: sacan a la luz un yo sensible a la crítica, un yo necesitado o un yo herido. Sí, es cierto que hay personas injustas y malintencionadas, pero también es cierto que muchas veces malinterpretamos las acciones de los demás, y que existen otras respuestas posibles para no alimentar la ira.
¿Qué podemos hacer cuando sentimos ira? Las tres reacciones más comunes cuando alguien ha frustrado nuestras expectativas, ha atacado nuestro sentido de valía personal o nos ha hecho perder el contról, son
1) explotar
2) acumular ira o
3) alimentar el deseo de venganza.
Explotar oscurece nuestra percepción del hecho que desencadenó nuestra ira y compromete nuestra capacidad para lidiar con ella, haciéndonos desperdiciar energía, impidiéndonos generar cambios en las relaciones y sirviendo tan solo para un alivio momentáneo del cual podemos arrepentirnos despúes.
Acumular ira, literalmente, nos enferma.
Y alimentar el deseo de venganza es una declaración de debilidad.
Hay otras maneras de lidiar con la ira. Analiza las razones que te llevaron a sentir esa emoción y busca nuevas respuestas. Saber lidiar con tus emociones asertivamente muestra que eres una persona madura, que tienes amor por ti misma y por tus semejantes. Confrontar serenamente al otro con franqueza acerca de su comportamiento posiblemente falto de amor o intrusivo es también una buena actitud. Muchos huyen de la confrontación hasta precipitarse en una decisión nada constructiva, pero si se sabe hablar bién las cosas, es bueno hacerlo. Sentir ira no es pecado, pero alimentarla hasta que envenene todo nuestras actitudes si lo es. Por eso, el apóstol Pablo nos dice que resolvamos la cuestión el mismo día. Esa es nuestra responsabilidad ante Dios y es una actitud sana.
No déjes que el sol se ponga sobre tu ira. Toma la iniciativa de identificar exactamente qué fue lo que la causó (si tienes un ego herido o un ofensor necesita tu perdón), y encuentra la cura.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
