martes , 10 febrero 2026
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Notas de Ellen G. White 2026

Regocíjense siempre en el Señor

 

Al cristiano se otorga el gozo de reunir los rayos de luz eterna del trono de gloria, y de reflejar esos rayos no solo sobre su propio camino, sino sobre los senderos de las personas con quienes él se relaciona. Al hablar palabras de esperanza y estímulo, de agradecida alabanza y bondadoso aliento, puede esforzarse por ayudar a quienes lo rodean a ser mejores, a elevarlos, a señalarles el camino al cielo y la gloria, y conducirlos a buscar, por sobre todas las cosas terrenales, la sustancia eterna, las riquezas que son imperecederas.

“Regocijaos en el Señor siempre —dice el apóstol—. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” Filipenses 4:4. Doquiera vayamos, debemos llevar una atmósfera de esperanza y gozo cristianos; entonces quienes están separados de Cristo verán atractivo en la religión que profesamos; los incrédulos verán la consistencia de nuestra fe. Necesitamos tener una percepción más clara del cielo, la tierra donde todo es reluciente y alegre. Necesitamos conocer más de la plenitud de la bendita esperanza. Si estamos constantemente “regocijándonos en la esperanza”, seremos capaces de hablar palabras de aliento a quienes nos rodean…

No solo en la asociación diaria con los creyentes y los incrédulos hemos de glorificar a Dios al hablar a menudo unos a otros palabras de gratitud y regocijo. Como cristianos, se nos exhorta a no dejar de reunirnos, para nuestro propio refrigerio y para impartir el consuelo que hemos recibido. En estas reuniones, celebradas semana tras semana, debemos espaciarnos en la bondad y las muchas misericordias de Dios, en su poder para salvar del pecado. En rasgos, en genio, en palabras, en carácter, hemos de ser testigos de que el servicio de Dios es bueno. Así proclamaremos que “la ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma”. Salmo 19:7.

Nuestras reuniones de oración y de sociabilidad deberían ser de especial ayuda y aliento… Esto puede ser hecho de mejor manera si tenemos una nueva experiencia diaria en las cosas de Dios, y no vacilamos en hablar de su amor en las asambleas de su pueblo…

Si pensáramos y habláramos más de Jesús, y menos de nosotros mismos, tendríamos mucho más de su presencia. Si permanecemos en él, seremos tan llenos de paz, fe y valor, y tendremos tan victoriosas experiencias para relatar cuando vengamos a las reuniones, que otros serán refrescados por nuestro testimonio claro y decidido por Dios. Estos preciosos reconocimientos de alabanza a la gloria de su gracia, cuando son presentados por una vida semejante a la de Cristo, tienen un poder irresistible, que obra para la salvación de las almas (Reflejemos a Jesús, 25 de julio, p. 212).

Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2026.
1er. Trimestre 2026 «UNIENDO EL CIELO Y LA TIERRA»
Lección 7: «UNA CIUDADANIA CELESTIAL»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González

Para Más Meditaciones Visita:
www.meditacionesdiarias.com

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