Lee Filipenses 4: 4-7. ¿Cómo podemos experimentar «la paz de Dios»?
¿Cuántas veces te has inquietado por cuestiones que se desvanecieron casi tan pronto como aparecieron? Jesús insistió una y otra vez en que no debemos preocuparnos (ver Mat. 6: 25-34; 10: 19), y Pedro nos recuerda que podemos depositar todas nuestras preocupaciones o ansiedades en el Señor, «porque él cuida de ustedes» (1 Ped. 5: 7). De hecho, el aumento de los problemas en el ámbito mundial debería estimular nuestra esperanza en la cercanía de la venida del Señor (Mat. 24: 33; Luc. 21: 28; Sant. 5: 8).
El antídoto contra la ansiedad en cualquier situación es elevar una oración de fe (Fil. 4: 6, 7). Ello implica creer y actuar como si nuestra oración hubiera sido contestada, incluso antes de que lo sea, pues se nos dice que debemos orar «con acción de gracias». También se añade la palabra «ruego» (deēsis en griego), lo que sugiere circunstancias extremas y urgencias (ver, por ejemplo, Luc. 1: 13; Fil. 1: 19; 1 Tim. 5: 5; Sant. 5: 16). Nuestras oraciones siguen siendo «pedidos», pero podemos estar seguros de que nuestras peticiones han sido recibidas siempre que pidamos «conforme a su voluntad» (1 Juan 5: 14). Entonces podremos descansar y tener paz al saber que todas nuestras peticiones están en las manos de Dios.
¿Cómo amplían los siguientes pasajes nuestra comprensión acerca de la paz de Dios? Salmo 29: 11; Isaías 9: 6; Lucas 2: 14; Juan 14: 27; 1 Corintios 14: 33.
¿Cómo describirías a alguien lo que significa experimentar «la paz de Dios»?
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