sábado , 14 febrero 2026
Lección E. Sabática 2026

La mente de Cristo

 

El famoso boxeador Muhammad Alí dijo en cierta ocasión: «Soy el más grande». En agosto de 1963, seis meses antes de ganar el campeonato mundial de boxeo de peso pesado, incluso lanzó un álbum de discos titulado «Yo soy el más grande». Era, sin duda, un gran atleta, pero no un ejemplo a seguir para quien aspira a tener la mente de Cristo.

Por el contrario, Jesús era perfectamente impecable. Aunque fue tentado «en todo según nuestra semejanza» (Heb. 4: 15), nunca pecó, ni siquiera por un pensamiento. Sin embargo, Hebreos 5: 8 indica que, «aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia». La sumisión de Jesús a la voluntad del Padre fue siempre perfecta. Nunca hubo un momento en que rehusara someterse, aunque, sin duda, muchas veces no le resultó fácil.

Lee Filipenses 2: 5-8, el texto más poderoso y hermoso de las Escrituras según algunos. ¿Qué dice Pablo aquí? ¿Qué implican estas palabras? ¿Cómo podemos aplicar a nuestra vida el principio que se expresa aquí?

Jesús, quien es igual a los otros dos miembros de la Deidad en naturaleza, no solo estuvo dispuesto a hacerse humano, sino también se hizo «siervo», o «esclavo» (doulos), y luego se ofreció como sacrificio por nuestros pecados. En otro lugar, Pablo dice que se hizo «maldición por nosotros» (Gál. 3: 13). Dios, nuestro Creador, murió en la cruz para ser también nuestro Redentor, y para ello tuvo que convertirse en maldición por nosotros.

¿Cómo podemos entender lo que esto significa? Más aún, ¿cómo podemos tener la misma disposición a humillarnos y a sacrificarnos por el bien de los demás?

En otro lugar, Jesús dijo: «El mayor entre ustedes sea su servidor. Porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado» (Mat. 23: 11, 12). Esto refleja en muchos sentidos lo que Pablo insta a los creyentes a hacer en Filipenses 2: 5 al 8.

En términos más gráficos y contundentes, Pablo estaba repitiendo aquí lo que había dicho antes acerca de no hacer nada «por rivalidad o vanagloria» (Fil. 2: 3).

¿Cómo debemos responder a lo que Cristo hizo por nosotros según Filipenses 2: 5 al 8? ¿Existe alguna respuesta verdaderamente digna de su sacrificio, más allá de postrarnos y adorarlo? ¿Por qué resulta tan equivocado pensar que nuestras buenas obras pueden añadir algo a lo que Cristo ya realizó por nosotros?

Lección de Escuela Sabática para Adultos 2026
1er. Trimestre 2026 «UNIENDO EL CIELO Y LA TIERRA»
Lección 4: «UNIDAD MEDIANTE LA HUMILDAD»
Colaboradores: Esmeralda Bermudes y Karla González

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