lunes , 1 junio 2026
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Devocional Familiar 2026

DE LOS PRECEPTOS A LAS PROMESAS

 

“Este es el pacto que Yo haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré Mis leyes en la mente de ellos, y las escribiré sobre sus corazones. Yo seré su Dios, y ellos serán Mi pueblo”. HEBREOS 8:10.

La ley de Dios es una obra maestra que revela la profundidad de nuestra culpa y, al mismo tiempo, le enseña a un pueblo impío a acercarse a un Dios santo en adoración. Sus instrucciones entretejen un tapiz muy complejo; si tiramos de un hilo, todo se viene abajo.

Esto significa que, en la ley, no hay asuntos triviales. Cuando quebrantamos un solo mandamiento, nos hacemos culpables de violar toda la ley. Santiago es honesto: “Porque cualquiera que
guarda toda la ley, pero falla en un punto, se ha hecho culpable de todos” (Stg 2:10). La ley no es como un montón de piedras en el que, si quitas una, no causas mucha diferencia. En cambio,
es como un pedazo de vidrio: una sola fractura compromete la estructura completa. ¿Por qué?

Porque la ley de Dios no es un conjunto arbitrario de reglamentos y normas; es una expresión del carácter y la naturaleza de nuestro perfecto y puro Dios de gloria.

Cuando sumamos todo esto, la realidad es aterradora. ¿Cómo podemos aspirar a alcanzar un estándar tan alto? Pero para los que conocemos a Jesucristo por medio de la fe, la ley ya no nos
condena. El Hijo de Dios cumplió la ley de Dios para que Su pueblo ya no tenga que enfrentar Su ira. Hemos escapado, por medio de la muerte y resurrección de Cristo, al castigo justo de Dios
que merecíamos por nuestros pecados. Ahora, la ley ya no está fuera de nosotros, sino que está escrita en nuestro corazón. Ahora, el Espíritu de Dios que la escribió allí sigue transformándonos
para que aceptemos de buena gana sus deberes y obligaciones. En Cristo, no solo somos salvos del castigo por no guardar la ley, sino que también tenemos recursos para guardarla como nunca
los tuvimos.

Imagina a un ladrón que entra a un servicio de una iglesia el domingo. Este hombre lee la lista de los Diez Mandamientos y tiembla ante las palabras: “No robes” (Ex 20:15 NVI). Él se
arrepiente de ese pecado y recibe el regalo de la nueva vida en Cristo. A partir de ese momento, cuando lee el mandamiento, significa algo diferente. La prohibición que antes entendía como

“No debes hurtar” se ha convertido en una promesa: “Ya no hurtarás”.

Así sucede con todos los que reconocen a Jesús como Señor. ¿Contra qué pecados estás luchando especialmente o ante cuáles has comenzado a ceder? Por el Espíritu, tienes todos los
recursos para obedecer a tu Padre si consideras la ley, no como una escalera al cielo ni como una fuente de condenación, sino como una guía para la vida. Armado con esta esperanza, puedes
pelear contra tu pecado con la confianza que procede de la gran victoria de Cristo.

ROMANOS 8:1-6

Lecturas Devocionales Familiares 2026
« LA VERDAD PARA VIVIR (365 DEVOCIONALES DIARIOS)»
Por: ALISTAIR BEGG
Colaboradores: Familia Mariscal y Karla González

                                                                                                                                                                                                                                                                                    Para Más Meditaciones Visita:                                                                                                                                                                                                                         www.meditacionesdiarias.com

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