Pablo, el más grande maestro humano, aceptaba tanto los deberes más humildes como los más elevados. Reconocía la necesidad del trabajo, tanto para las manos como para la mente, y desempeñaba un oficio para mantenerse. Se dedicaba a la fabricación de tiendas mientras predicaba diariamente el evangelio en los grandes centros civilizados. “Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí ya los que están conmigo —dijo cuando se despedía de los ancianos de Efeso—, estas manos me han servido”. Hechos 20:34 .
Al par que poseía altos dotes intelectuales, Pablo revelaba en su vida el poder de una sabiduría aún más rara. Sus enseñanzas, ejemplificadas por su vida, revelan principios de la más profunda significación, que eran ignorados por los grandes espíritus de su tiempo. Poseía la más elevada de todas las sabidurías que da una pronta perspicacia y simpatía, que pone al hombre en contacto con los hombres, y lo capacita para despertar la naturaleza mejor de sus semejantes e inspirarlos a vivir una vida más elevada…
Vedle en la cárcel de Filipos donde, a pesar del dolor que abre su cuerpo, su canto de alabanza rasga el silencio de la noche. Después de que el terremoto ha abierto las puertas de la cárcel, se vuelve a oír su voz en palabras de aliento para el carcelero pagano: “No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí”. Hechos 16:28 . Todos habían permanecido en su sitio, contenidos por la presencia de un compañero de prisión. Y el carcelero, convencido de la realidad de aquella fe que sostenía a Pablo, se interesó por el camino de la salvación, y con toda su casa se unió al perseguido grupo de discípulos de Cristo.
Así transcurrió su vida, según él mismo dice, “en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez”. 2 Corintios 11:26, 27 .
“Nos maldicen —dijo—, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos. Nos difaman, y rogamos”, “como entristecidos, más siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no tener nada, más poseyéndolo todo”. 1 Corintios 4:12, 13; 2 Corintios 6:10 .
Hallaba gozo en el servicio; y al fin de su vida de trabajo, al echar una mirada retrospectiva a sus luchas y triunfos, pudo decir: “He peleado la buena batalla”. 2 Timoteo 4:7 (La educación, págs. 66-68).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2026.
1er. Trimestre 2026 «UNIENDO EL CIELO Y LA TIERRA»
Lección 1: «PERSEGUIDOS, PERO NO DESAMPARADOS»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
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