Un corazón dividido
La reacción de Josué a la respuesta inicial del pueblo es un poco alarmante. Parte de su declaración parece advertirlos de que más les valía obedecer, porque Dios «es un Dios santo y celoso, que no va a tolerar las rebeliones y pecados de ustedes» (Jos. 24: 19). Esta frase, considerada aisladamente, transmite un mensaje que contradice las numerosas promesas bíblicas de que Dios está siempre dispuesto a perdonar; sin embargo, cuando la leemos en su contexto completo, el significado cambia: «Pero Josué les dijo: “Ustedes no van a poder servir al Señor, porque él es un Dios santo y celoso, que no va a tolerar las rebeliones y pecados de ustedes. Si ustedes lo abandonan y sirven a otros dioses, el Señor responderá haciéndoles mal, y los destruirá a pesar de haberles hecho tanto bien”» (vv. 19, 20). Josué les estaba explicando que Dios no aceptaría de parte de ellos una adoración o un servicio parciales. No hay perdón para quien aparenta servir a Dios, pero esconde ídolos secretos. Dios exige una entrega total. Nos pide nuestro corazón entero, indiviso. Israel no tenía espacio para vacilar entre dos opciones: tenían que tomar una decisión.
Lo mismo ocurre en toda la Biblia. A la iglesia de Laodicea, Jesús le dijo: «Yo sé todo lo que haces. Sé que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero como eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca» (Apoc. 3: 15-16). Este mensaje era una reprimenda contra la tibieza espiritual. Como Israel tras la conquista de Canaán, los laodicenses se sentían seguros de su superioridad: «Tú dices que eres rico, que te ha ido muy bien y que no te hace falta nada» (v. 17). Al igual que el antiguo Israel, los laodicenses se sentían seguros por sus victorias pasadas (después de todo, habían sometido a algunas de las tribus más feroces de Canaán); sin embargo, no reconocieron su verdadera condición. Aunque habían hecho avances significativos en la conquista de la tierra prometida, su tarea estaba incompleta y corrían el peligro de irse en pos de dioses falsos.
La iglesia de Laodicea, que es un símbolo de la iglesia de Dios de los últimos días, se encuentra en el mismo dilema. Los laodicenses creen que están espiritualmente seguros cuando, en realidad, están muriendo espiritualmente. A pesar de sus suposiciones, Jesús les dijo que eran desdichados, miserables, pobres, ciegos y desnudos (v. 17). El mensaje a Laodicea es un llamado al arrepentimiento. La tibieza espiritual es fácil de pasar por alto, sobre todo porque a menudo no somos conscientes de su presencia en nuestras vidas; por eso Jesús envió este mensaje a los laodicenses y, por extensión, a nosotros, su iglesia en los últimos días. Ojalá recibamos este mensaje y elijamos a Jesús hoy.
Después de repasar el texto que escribiste y resaltaste:
- ¿Qué te parece lo que marcaste o subrayaste y relacionaste?
- ¿Qué preguntas te surgen?
- ¿Qué partes te parecen más difíciles?
- ¿Qué otros principios y conclusiones encuentras?
Tómate un tiempo para orar y pedirle a Dios que te muestre las áreas de tu vida en las que necesitas volver a comprometerte espiritualmente.
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
4to trimestre 2025 «EL LIBRO DE JOSUÉ»
Lección # 11 «COMPLACENCIA CRECIENTE»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
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