Ayuda divina
«Mientras los amorreos continuaban huyendo precipitadamente, procurando hallar refugio en las fortalezas de la montaña, Josué, mirando hacia abajo desde la altura, vio que el día iba a resultar corto para completar su obra. Si sus enemigos no quedaban completamente derrotados, se reunirían y reanudarían la lucha. “Entonces Josué habló a Jehová, […] y dijo en presencia de los israelitas: ‘Sol, detente en Gabaón, y tú, luna, en el valle de Ajalón’. Y el sol se detuvo, y la luna se paró, hasta que la gente se vengó de sus enemigos. […] El sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero”.
»Antes de que anocheciera, la promesa que Dios hizo a Josué se había cumplido. Todo el ejército enemigo había sido entregado en sus manos. Israel iba a recordar durante mucho tiempo los acontecimientos de aquel día. “No hubo un día como aquel, ni antes ni después de él, en que Jehová haya obedecido a la voz de un hombre, porque Jehová peleaba por Israel”. “El sol y la luna se detienen en su lugar, a la luz de tus saetas que cruzan, al resplandor de tu refulgente lanza. Con ira pisas la tierra, con furor pisoteas las naciones. Has salido para socorrer a tu pueblo” (Hab. 3: 11-13).
»El Espíritu de Dios inspiró la oración de Josué, para que se manifestara otra vez el poder del Dios de Israel. Por consiguiente, la petición no evidenciaba presunción por parte del gran caudillo. Aunque Josué había recibido la promesa de que Dios derrocaría ciertamente a los enemigos de Israel, realizó un esfuerzo tan ardoroso como si el éxito de la empresa dependiera solamente de los ejércitos de Israel. Hizo todo lo que era posible para la energía humana, y luego pidió con fe la ayuda divina. El secreto del éxito estriba en la unión del poder divino con el esfuerzo humano. Los que logran los mayores resultados son los que confían más implícitamente en el Brazo todopoderoso. El hombre que exclamó: “Sol, detente en Gabaón, y tú, Luna, en el valle de Ajalón”, es el mismo que durante muchas horas permanecía postrado en tierra, en ferviente oración, en el campamento de Gilgal. Los hombres que oran son los hombres fuertes.
»Este gran milagro atestigua que toda la creación está bajo el dominio del Creador. Satanás procura impedir a los hombres que vean la intervención divina en el mundo físico y quiere ocultarles la obra incansable de la gran Causa primera. Este milagro reprende a todos los que ensalzan a la naturaleza sobre el Dios de la naturaleza».— Elena G. de white, Patriarcas y Profetas, cap. 47, pp. 484-485
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
4to trimestre 2025 «EL LIBRO DE JOSUÉ»
Lección # 08 «LECCION»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
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