«Que Dios nuestro Padre les conceda gracia y paz».
Colosenses 1: 2, NVI
Cristo es el «Príncipe de paz», y su misión es devolver al cielo y a la tierra la paz que el pecado destruyó. «Ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro señor Jesucristo» (Rom. 5: 1). Los que consientan en renunciar al pecado y abran el corazón al amor de Cristo, participarán de esta paz celestial.
No hay, otro fundamento para la paz. La gracia de Cristo, aceptada en el corazón, vence la enemistad, apacigua la lucha y llena el alma de amor. El que está en armonía con Dios y con su prójimo no sabrá lo que es la desdicha. No habrá envidia en su corazón ni su imaginación albergará el mal; allí no podrá existir el odio. El corazón que está de acuerdo con Dios participa de la paz del cielo y esparcirá a su alrededor una influencia bendita. El espíritu de paz se asentará como rocío sobre los corazones cansados y turbados por la lucha del mundo.
Los seguidores de Cristo son enviados al mundo con el mensaje de paz. Cualquiera que revele el amor de Cristo por la influencia inconsciente y quieta de una vida santa; cualquiera que incite, por palabra o por hechos, a los demás a renunciar al pecado y entregarse a Dios, es un pacificador.
El espíritu de paz es prueba de su relación con el cielo. El dulce sabor de Cristo los envuelve La fragancia de la vida y belleza del carácter revelan al mundo que son hijos de Dios. Sus semejantes reconocen que han estado con Jesús.— El discurso maestro de Jesucristo, cap. 2, pp. 50, 51.
La gracia de Cristo ha de entretejerse en cada fase de nuestro carácter. El crecimiento diario en la vida de Cristo crea en el alma un cielo de paz. En esa clase de vida los frutos se manifiestan constantemente. La actitud de renunciamiento se manifestará constantemente en las vidas de los que han sido rescatados por la sangre de Cristo. Se verán la virtud y la justicia. La tranquila experiencia interior llenará la vida de virtud, fe, humildad y paciencia. Esta ha de ser nuestra experiencia de todos los días. Tenemos que formar caracteres libres de pecado, caracteres hechos justos en la gracia de Cristo y por ella.— Consejos sobre salud, cap. 13, pp. 478, 479.
SOLO POR GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
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