«Todo lo que te venga a mano para hacer, hazlo según tus fuerzas».
Eclesiastés 9: 10
Nada despierta el celo abnegado ni ensancha y fortalece el carácter tanto como el trabajar en beneficio del prójimo. Nadie ha de esperar a que le llamen a algún campo distante para comenzar a ayudar a otros. En todas partes hay oportunidades de servir. Alrededor nuestro hay quienes necesitan nuestra ayuda. La viuda, el huérfano, el enfermo y el moribundo, el de corazón quebrantado, el desalentado, el ignorante, y el desechado de la sociedad, todos están a nuestro alcance.
Hemos de considerar como nuestro deber especial trabajar por nuestros vecinos. Examinemos cómo podemos ayudar mejor a los que no se interesan por las cosas religiosas. Al visitar a nuestros amigos y vecinos, manifestemos interés por su bienestar espiritual y temporal. Hablémosles de Cristo, el Salvador que perdona los pecados. Invitemos a nuestros vecinos a nuestras casas y leamos partes de la preciosa Biblia y de libros que expliquen sus verdades. Invitémoslos a que se unan con nosotros en canto y oración. En estas pequeñas reuniones, Cristo mismo estará presente, tal como lo prometió, y su gracia tocará los corazones.
Muchos lamentan llevar una vida de horizontes limitados; pero pueden ensancharla y hacerla influyente si quieren. Los que aman a Jesús de corazón, mente y alma, y a su prójimo como a sí mismos, tienen vasto campo en que emplear su capacidad e influencia. No desaprovechemos las pequeñas oportunidades para aspirar a una obra mayor. Podremos desempeñar con éxito la obra menor, mientras que fracasaremos por completo al emprender la mayor y caeremos en el desaliento. Al hacer lo que nos viene a mano desarrollaremos aptitudes para una obra mayor. Por despreciar las oportunidades diarias y descuidar las cosas pequeñas que podrían hacer, muchos se vuelven estériles e inútiles.
En campos de condiciones tan adversas y desalentadoras que pocos quieren ir allá, se han realizado cambios notables mediante los esfuerzos de obreros abnegados. Con paciencia y perseverancia trabajaron, confiando y descansando no en el poder humano, sino en Dios, cuya gracia los sostuvo. Nunca se conocerá en este mundo todo el bien que hicieron, pero sus benditos resultados se manifestarán en la vida futura.— El ministerio de curación, cap. 9, pp. 91-93.
CRECIENDO EN LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
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