Lee el texto de esta semana: Éxodo 17: 8-16
Un joven líder
En este mundo de hoy, en el que las personas alcanzan el éxito o se vuelven celebridades de la noche a la mañana, Josué ofrece un poderoso contraste sobre el desarrollo cuidadoso y diligente del liderazgo.
El libro de Josué comienza con la narración de cómo los israelitas estaban acampados en las fronteras de Canaán, listos para poseer la tierra que Dios había prometido dar a los descendientes de Abraham. Todos los acontecimientos de la historia de la nación apuntaban hacia este momento crítico en el que los israelitas iban a conquistar a los habitantes de Canaán y a ocupar finalmente la tierra que Dios les estaba dando.
La responsabilidad de guiar a los hijos de Israel recaía sobre un hombre llamado Josué. Los israelitas lo conocían muy bien. Durante los últimos cuarenta años, Josué había sido el ayudante más cercano de Moisés. Solo él había tenido el privilegio de acompañar a Moisés en el monte Sinaí cuando Dios le dio instrucciones sobre cómo construir el Tabernáculo y dirigir sus servicios (ver Éxo. 24: 13). Nadie más había tenido la oportunidad de ver de cerca las responsabilidades que Moisés llevaba sobre sus hombros. A lo largo de los años de peregrinación por el desierto, Josué había vivido de todo: experimentó los altibajos del liderazgo con todos sus desafíos, decepciones, victorias y sorpresas. A los pocos meses de salir de Egipto, incluso cuando el mismo Moisés era todavía un líder nuevo, su sucesor ya estaba siendo preparado. Moisés fue el mentor de este discípulo durante cuarenta años, antes de que Dios lo llamara también a él para ser el líder de Israel. La historia de Josué nos recuerda que los líderes verdaderamente sabios se toman su tiempo para formar a las personas que ocuparán su lugar. Hoy, necesitamos pastores, ancianos y líderes de todo tipo que inviertan en guiar a la siguiente generación, tal como hizo Moisés con Josué.
La primera vez que aparece Josué en la narración bíblica es en un momento de crisis, no mucho después de que los israelitas salieran de Egipto y cruzaran el mar Rojo. Mientras avanzaban penosamente por el desierto, los más cansados y vulnerables se habían quedado atrás, rezagados. Sin previo aviso, los amalecitas les tendieron una emboscada a estos israelitas (ver Deut. 25: 18). Dios ordenó a Moisés que Josué guiara a los israelitas en su primera batalla. El conflicto fue largo y feroz, pero Josué demostró ser un fiel hombre de acción al defender a Israel del ataque de los amalecitas.
Josué también demostró ser algo más que un guerrero: era un hombre de profunda fe y devoción al Señor. Siendo todavía joven, de una edad en la que muchos anhelan la acción, él se contentó con permanecer en el Tabernáculo, esperando a Moisés y ayudándolo en lo que fuera necesario (ver Éxo. 33: 11). Josué era adaptable, capaz de dar un paso al frente para luchar en las batallas más duras, pero también capaz de servir en un santuario tranquilo como humilde servidor de Moisés. La fidelidad de Josué en las pequeñas responsabilidades hizo que Moisés confiara en él para responsabilidades mayores. Dios necesita líderes que no esperen algo grande, sino que hagan las cosas pequeñas con excelencia (ver Luc. 16: 10).
La verdadera fuerza del carácter de Josué se puso de manifiesto cuando el campamento israelita se trasladó a Cades-barnea y Moisés envió a Josué con otros once hombres a espiar la tierra de Canaán. Al regresar de su misión, diez de los espías convencieron a toda la congregación de Israel de que era imposible para ellos conquistar la tierra de Canaán. Llegaron a la conclusión de que les habría ido mejor quedándose en Egipto o muriendo en el desierto. En contra de tan enorme presión de parte de sus compañeros, Josué, junto con Caleb, mantuvo que Dios podía entregar fácilmente Canaán en sus manos. La fe y la lealtad de Josué a Dios eran inquebrantables. La Biblia dice que Josué y Caleb «siguieron fielmente al Señor» (Núm. 32: 12) a pesar de la completa rebelión en el campamento. La mayor lealtad de Josué era hacia Dios y no tuvo miedo a quedarse solo en la multitud cuando la mayoría iba por el camino equivocado.
A lo largo de los siguientes cuarenta años dando vueltas por el desierto, Dios preparó a Josué para el manto de liderazgo que un día asumiría. A cada paso, Josué demostró una fe implícita e incuestionable en la capacidad de Dios para cumplir sus promesas. Josué no surgió como un líder completamente formado de la noche a la mañana, sino que Dios lo forjó en el crisol de las esperanzas defraudadas, las esperas continuas y las enormes pruebas. Fue un hombre que venció porque se aferró a su fe en la soberanía de Dios.
Escribe de tu versión preferida de la Biblia Éxodo 17: 8-16. O, si lo prefieres, puedes parafrasear el pasaje o hacer un esquema de la historia.
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
4to trimestre 2025 «EL LIBRO DE JOSUÉ»
Lección # 02 «UN JOVEN LÍDER»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
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