Yo sé a quién he creído, y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.
2 Timoteo 1:12
El apóstol Pablo contemplaba el gran más allá, no con temor e incertidumbre, sino con gozosa esperanza y anhelosa expectación. Al llegar al paraje del martirio no vio la espada del verdugo ni la tierra que iba a absorber su sangre, sino que a través del sereno cielo de aquel día estival, miraba el trono del Eterno.
Este hombre de fe contemplaba la visión de la escalera de Jacob, que representaba a Cristo, quién unió la tierra con el cielo, y al hombre finito con el Dios infinito. Su fe se fortaleció, al recordar cómo los patriarcas y profetas habían confiado en Uno que fue su sostén y consolación, y por quien él sacrificaba su vida. Oyó a esos hombres santos que de siglos en siglos testificaron por su fe, asegurarle que Dios es fiel. A sus colaboradores, que para predicar el evangelio de Cristo salieron al encuentro del fanatismo religioso y supersticiones paganas, persecución y desprecio, que no apreciaron sus propias vidas, a fin de llevar en alto la luz de la cruz en el obscuro laberinto de la incredulidad, oía testificar de Jesus como el hijo de Dios, el Salvador del mundo. De la rueda de tormento, la estaca el calabozo y de los escondrijos y cavernas de la tierra, llegaba a sus oídos el grito de triunfos de los mártires. Oía el testimonio de las almas fieles, quienes, aunque desamparadas, afligidos y atormentadas, padecían sin temor testificando solemnemente de su fe, diciendo: “Yo sé en quién he creído,
Pablo redimido por el sacrificio de Cristo, lavado del pecado en su sangre y revestido de su justicia, tenía en sí mismo el testimonio de que su alma era preciosa a la vista de su Redentor. Estaba su vida oculta con Cristo en Dios, y tenía el convencimiento de que quién venció la muerte es poderoso para guardar cuanto se le confíe __ Los Hechos de los apóstoles, cap. 50, p.408.
Me alegro mucho de que podamos venir a Dios con fe y humildad, y rogarle hasta que nuestras almas alcancen una relación de tal intimidad con Jesús que podamos colocar nuestras cargas a sus pies, diciendo: <<Yo sé en quién he creído, y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día>>. __ El Ministerio Médico, p. 267.
EL PODER DE LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
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