El Cordero de Dios
Mientras que Dios dijo a Moisés que no podía morir por los pecados del pueblo, no ocurrió lo mismo con el Hijo de Dios. Desde el principio, el objetivo de Jesús fue morir por nuestros pecados. Cuando Juan vio a Jesús caminando hacia él en el Jordán, dijo: «¡Miren, ese es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!» (Juan 1: 29). Como se ilustra en los sacrificios diarios del santuario (Éxodo 29: 38), el Cordero de Dios vino con un propósito: morir. Pero ¿por qué tuvo que morir Jesús?
Jesús vino a nuestro mundo como respuesta de Dios al engaño de la serpiente. En el jardín del Edén, Eva fue engañada para que no confiara en Dios. Su pecado fue el mismo que el de los israelitas en el monte Sinaí: cuando Dios no estaba visiblemente presente, perdieron la confianza en su palabra. Cuando se pierde la confianza, es muy difícil restaurarla. El plan de salvación, establecido antes de la creación del mundo, fue el método de Dios para restaurar la confianza con la humanidad.
Por eso la cuestión de la identidad de Cristo era tan crucial. A lo largo de la historia de Jesús en los cuatro Evangelios, la pregunta más importante es: «¿Quién dice la gente que soy yo?» (Marcos 8: 27). Jesús vino como respuesta de Dios a la acusación formulada contra él por los ateos modernos de que «el Dios del Antiguo Testamento es posiblemente el personaje más desagradable de toda la ficción: celoso y orgulloso de serlo; un controlador mezquino, injusto e implacable; un vengativo y sanguinario exterminador étnico; un matón misógino, homófobo, racista, infanticida, genocida, filicida, pestilente, megalómano, sadomasoquista y caprichosamente malévolo» (Richard Dawkins, The God [2006], 31).
La mentira que se creyó en el jardín del Edén es que Dios no obra teniendo en cuenta nuestros mejores intereses. Jesús vino a responder a las acusaciones contra el carácter de Dios y a demostrar su amor desinteresado. Aunque temblaba por el precio que tenía que pagar (Mateo 26: 37-39), Aquel que no conocía principio estaba dispuesto a sacrificarlo todo para salvar a aquellos que lo clavarían en la cruz. Moisés pidió que se borrara su nombre del libro de la vida: estaba dispuesto a sufrir la muerte segunda que experimentarán los impíos (Apocalipsis 20: 14-15). Si bien Moisés no podía pagar este precio en nombre de los demás, Jesús sí podía, y lo hizo. Jesús experimentó la muerte segunda por toda la humanidad. Su muerte no se parece a ninguna otra anterior. Él vino a concretar lo que Moisés y Pablo desearon llevar a cabo (Éxodo 32: 32; Romanos 9: 3). Jesús vino a demostrar, de una vez por todas, que Dios no podía imaginarse la eternidad sin nosotros. Preferiría dejar de existir antes que vivir eternamente sin nosotros.
Medita nuevamente en Éxodo 32: 1–33: 11 y busca a Jesús en el pasaje.
¿Cómo responde la vida de Jesús a las acusaciones contra el carácter de Dios?
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
3er trimestre 2025 «EL LIBRO DEL ÉXODO»
Lección # 12 «CUANDO DIOS DESAPARESE»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
