El insensato muro de la superstición
«Si el hambre excesiva excusó a David de violar, incluso, la santidad del santuario, e hizo inocente su acto, cuánto más excusable fue el simple acto de los discípulos de arrancar el grano y comerlo en el día de reposo. Jesús enseñaría a sus discípulos y a sus enemigos que el servicio de Dios era lo primero de todo; y que, si la fatiga y el hambre acompañaban al trabajo, era justo satisfacer las necesidades de la humanidad, aun en el día de reposo. Esa santa institución no fue dada para interferir con las necesidades de nuestro ser, trayendo dolor e incomodidad, en lugar de bendición. “El sábado fue hecho para el hombre”, para darle descanso y paz, y recordarle la obra de su Creador, no para ser una carga penosa.
»El trabajo realizado en el templo durante el sábado estaba en armonía con la ley; sin embargo, la misma labor, si se empleara en negocios ordinarios, sería una violación de la misma. El acto de arrancar y comer el grano para sostener la fuerza corporal, a fin de emplearla en el servicio de Dios, era correcto y lícito. Jesús coronó entonces su argumento declarándose el “Señor del sábado”, Uno por encima de toda pregunta y por encima de toda ley. Este Juez infinito absuelve a los discípulos de culpa, apelando a los mismos estatutos que se les acusa de violar.
»Pero Jesús no dejó pasar el asunto sin reprender a sus enemigos. Declaró que, en su ceguera, habían confundido el objeto del sábado. Dijo: “Si supierais qué significa: ‘Misericordia quiero y no sacrificios’, no condenaríais a los inocentes”» (Mateo 12: 7, RV95). Luego contrastó sus muchos insensibles ritos con la integridad veraz y el tierno amor que debían caracterizar a los verdaderos adoradores de Dios: “Porque misericordia quiero y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos. Pero ellos, cual Adán, violaron el pacto; allí han pecado contra mí” (Oseas 6: 6-7, RV95).
»Jesús se había criado entre este pueblo, tan marcado por el fanatismo y los prejuicios; y por eso sabía que, al curar en sábado, sería considerado como un transgresor de la ley. Era consciente de que los fariseos se apoderarían de tales actos con gran indignación, y así tratarían de influir en el pueblo contra él. Sabía que utilizarían estas obras de misericordia como argumentos de peso para influir en las mentes de las masas, que durante toda su vida habían estado sujetas a las restricciones y cargas judías. Sin embargo, este conocimiento no le impidió derribar el absurdo muro de superstición que bloqueaba el sábado y enseñar a los hombres que el amor y la compasión eran permitidos todos los días».— Elena G. de White, The Signs of the Times, 30 de noviembre de 1876
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
3er trimestre 2025 «EL LIBRO DEL ÉXODO»
Lección # 10 «SEÑAL DEL SÁBADO»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
