«Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo».
1 Juan 4: 14
Como testigo de Cristo, Juan no entró en controversias ni en fastidiosas disputas. Declaró lo que sabía, lo que había visto y oído. Estuvo asociado íntimamente con Cristo, oyó sus enseñanzas y fue testigo de sus poderosos milagros. Pocos pudieron ver las bellezas del carácter de Cristo como Juan las vio. Para él las tinieblas habían pasado; sobre él brillaba la luz verdadera. Su testimonio acerca de la vida y la muerte del Señor era claro y eficaz. Hablaba con un corazón que rebosaba de amor hacia su Salvador; y ningún poder podía detener sus palabras.— Los hechos de los apóstoles, cap. 54, p. 413.
Atestigua el apóstol: «Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos tocante a la Palabra de vida —la vida fue manifestada, y la hemos visto; y les testificamos y anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y nos fue manifestada—, lo que hemos visto y oído lo anunciamos también a ustedes, para que ustedes también tengan comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo» (1 Juan I: 1-3, RVA15).
De manera que, cada cual, a través de su experiencia propia, puede atestiguar «que Dios es veraz» (Juan 3: 33). Puede dar testimonio de aquello que él mismo ha visto, oído y sentido del poder de Cristo. Su testimonio será: «Necesitaba ayuda, y la encontré en Jesús. Él suplió todas mis necesidades, y calmó la sed de mi alma; para mí la Biblia es la revelación de Cristo. Creo en Jesús porque él es mi divino Salvador. Creo en la Biblia porque he descubierto que ella es la voz de Dios en mi alma».— Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 335.
¿Cómo llegaremos a conocer por nosotros mismos la bondad y el amor de Dios? El salmista nos dice —no escuchen y sepan, lean y sepan, crean y sepan, sino— «prueben y vean que el Señor es bueno» (Sal. 34: 8, RVA15). En vez de confiar en la palabra de otra persona, probemos por nosotros mismos.
La experiencia es conocimiento derivado del experimento. Lo que se necesita ahora es religión experimental. «Prueben y vean que el Señor es bueno».— Ibid., t. 5, p. 205.
EL PODER DE LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
