«El Señor aceptó a Abel y a su ofrenda». Génesis 4:4.
Abel era pastor de ovejas. Desde niño aprendió a cuidar a estos animales: los guiaba a pastar, los llevaba a tomar agua y los acompañaba en los momentos de descanso. Al crecer, continuó sirviendo, trabajando y siendo obediente. Abel disfrutaba de seguir los consejos y los pedidos de Dios.
¡Imagina la alegría de oír la voz de Dios! La familia de Abel tuvo ese privilegio. A pesar de esto, Caín, el hermano mayor, no siguió los consejos de Dios. Él sentía envidia de Abel. Lo envidiaba porque Abel era sensato y obediente.
Obedecemos a Dios cuando hacemos el bien al prójimo y cuando seguimos sus mandamientos. ¿Sabías que hay un mandamiento sobre no tener envidia? Envidiar es querer algo que tiene otra persona y que no es mío. También hay mandamientos sobre respetar a los padres, adorar solo a Dios, no mentir, y otras reglas importantes para tener una vida feliz.
¿Qué te parece si aprendemos más sobre los mandamientos y cómo podemos ser obedientes? ¡Hagamos eso hoy!
Mi oración: Señor, quiero ser obediente como lo fue Abel.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Menores 2025.
“PALABRITAS DEL CORAZÓN”
Por: «SARAH SUZANE BERTOLLI & ROGERIO CHIMELLO »
Colaboradores: Liseth Orduz y Karla González
