Lee el texto de esta semana: Éxodo 19–20
Un nuevo Dios
Los egipcios adoraban a multitud de dioses. Creían que algunos tenían influencia en todo el país, mientras que otros solo tenían una jurisdicción limitada o poderes muy concretos. En la antigüedad, todo el mundo entendía que a los dioses no debía tratárseles con desprecio; tenían acceso a lo sobrenatural; sus exigencias debían cumplirse. La religión egipcia exigía una compleja ronda de ceremonias para apaciguar a los dioses y convencerlos de esa manera de que mantuvieran el orden. Tras generaciones de exposición a estas prácticas y creencias egipcias, los israelitas necesitaban reajustar su comprensión de la Divinidad.
El Dios de los hebreos acababa de liberar a los israelitas de su larga esclavitud a los egipcios. Se había mostrado superior en todos los sentidos al panteón de los dioses egipcios, y se había mostrado diferente de cualquier dios pagano. El Dios de Abraham, Isaac y Jacob exigía la lealtad indivisa de su pueblo. A su pueblo no se le permitiría actuar como la mayoría de la gente que adoraba a un panteón de dioses. Este Dios era celoso y solo permitía que lo adoraran a él. Aunque muchas culturas antiguas suscribían el concepto de un dios principal que a menudo era responsable de la existencia del mundo, ese dios nunca era el único que existía. Siempre había otros dioses. No obstante, el Dios de Abraham no solo afirmaba ser el primero entre muchos; afirmaba ser el único Dios.
Este Dios también parecía estar tan interesado en la forma en que su pueblo trataba a otros seres humanos como en la forma en que lo adoraban a él. Planeaba dar a los hebreos mandamientos específicos para gobernar y guiar su moral y sus leyes, pero antes de que pudieran recibir estos Diez Mandamientos, necesitaban prepararse (Éxodo 19: 10). Dios había llevado a los hebreos al Sinaí, el monte de Dios, para estar con ellos y entregarles personalmente sus mandamientos. Merece la pena repetirlo: no era Moisés el que iba a escribir los mandamientos y presentárselos al pueblo; Dios mismo los pronunciaría y luego los escribiría en dos tablas de piedra. Para eso, necesitaba estar físicamente presente, así que cuando la montaña empezó a temblar y a retumbar los truenos, Dios descendió sobre ella en fuego (vers. 16, 18).
Escribe de tu versión preferida de la Biblia Éxodo 20: 1-17. O si lo prefieres, puedes parafrasear el pasaje, bosquejarlo o hacer un mapa conceptual de Éxodo 19–20.
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
3er trimestre 2025 «EL LIBRO DEL ÉXODO»
Lección # 09 «LA LEY DE DIOS»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
