Abandonado
Apenas salieron los israelitas de Egipto, comenzaron los problemas. Pero su difícil situación no era desconocida para Dios. Más bien, todo parece indicar que el mismo Señor lo había planeado todo de antemano para dar un nuevo escarmiento a los egipcios. Dios llevó a los israelitas a acampar entre las montañas y el mar Rojo. Los egipcios pensaron que los israelitas se habían equivocado y que sería fácil volver a capturarlos y esclavizarlos (Éxodo 14: 2-3). Tal como Dios había previsto, el faraón volvió a cambiar de opinión y salió en persecución de los israelitas. Cuando estos se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo, se olvidaron de inmediato del poder que habían visto manifestarse en las plagas y empezaron a quejarse contra Moisés. Su queja llegó a ser tan profusa que nos lleva a preguntarnos si Dios había tomado una buena decisión al salvarlos. La multitud culpó a Moisés de sus problemas y querían volver a Egipto, a la esclavitud (vers. 12). Los israelitas habían perdido de manera tan notoria la esperanza que ni siquiera mencionaron a Dios.
A pesar de la difícil situación en la que se encontraban, Dios seguía teniendo el control. Sabía lo débiles que eran los hebreos y planeaba seguir obrando milagros en su favor para convencerlos de su poder y salvarlos a pesar de su vacilante fe. La nube de día y el fuego de noche calmaron su miedo y alentaron su fe (vers. 20). Al día siguiente, el Eterno dividió las aguas del mar Rojo para proporcionarles una vía de escape secando la tierra bajo sus pies. El faraón y su ejército siguieron a los israelitas hasta el mar Rojo en persecución de sus víctimas, solo para que las aguas volvieran sobre ellos y los ahogaran a todos. Los israelitas estaban jubilosos. La congregación se unió a Moisés y María para entonar cánticos de alabanza a Dios por haberlos liberado. No obstante, casi de inmediato descubrieron lo peligroso que es el desierto. Hay poca agua disponible, y durante tres días no encontraron ninguna. El agua que finalmente encontraron no era potable. Una vez más, Dios hizo un milagro al sanar las aguas de Mara para que su pueblo tuviera agua para beber.
A estas alturas, ya te habrás dado cuenta de que existe un patrón: el pueblo se queja del plan de Dios, Dios hace un milagro para solucionar el problema, se encuentran con otro problema y el ciclo se repite. Sin embargo, Dios estaba detrás de todo el plan del éxodo. Sabía que, en el desierto, no iban a encontrar sombra de día ni calor de noche. Sabía que, en el desierto, no iban a encontrar agua para unas pocas personas, y mucho menos para una multitud tan grande. Sabía que, en el desierto, no iban a encontrar comida. Aun así, condujo a los israelitas precisamente al desierto.
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Memoriza tu versículo favorito de Éxodo 14–16. Escríbelo varias veces a fin de que te sea más fácil recordarlo.
¿Cuándo te ha llevado Dios a un desierto de dificultades y desafíos? ¿Cómo te ayudó y cómo proveyó para ti?
¿Crees que fue justo que el pueblo se quejara cuando Dios los condujo al desierto, donde se quedaron sin agua? ¿Y cuando descubrieron que el ejército egipcio los perseguía de cerca?
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
3er trimestre 2025 «EL LIBRO DEL ÉXODO»
Lección # 08 «RUMBO AL DESIERTO»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
