Resistirse a la voluntad de Dios
«En realidad, Dios no hizo al faraón terco e inflexible. Siguió dándole luz, y la terquedad creciente del rey trajo su resultado seguro. Al resistirse a la voluntad de Dios, se siembran semillas de desobediencia y se recoge una cosecha de maldad. Una semilla de incredulidad genera otra semilla más fuerte. Al someterse a la voluntad de Dios, se siembran semillas que producirán una rica cosecha de bien. La semilla que se siembra es la semilla que se cosecha, porque la semilla se reproduce a sí misma. “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Como agentes responsables, todos deciden por sí mismos cuál será su cosecha.
»Dios nunca obliga a nadie a la maldad. Nunca lleva al hombre a desesperarse en su rebelión. No quiere que nadie perezca, sino que todos se salven. Pero no obliga a nadie a aceptar la luz. Si, después de soportar mucho tiempo al hombre, Dios ve que no se someterá, le deja que manifieste su odio natural. Lo entrega al peor de todos los tiranos: el yo».— Elena G. de White, The Youth’s Instructor, 25 de mayo de 1899
«El Señor dijo a Moisés: “Cuando vayas a volver a Egipto, procura hacer todas esas maravillas delante del faraón, que yo he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, para que no deje ir al pueblo”. Es decir, el despliegue de poder omnipotente ante el faraón, al ser rechazado por él, lo haría más duro y firme en su rebelión. Pero el Señor anularía el curso de este altivo monarca, de modo que su obstinación y perversidad harían que el nombre de Dios fuese magnificado ante los egipcios, y también ante su pueblo».— Elena G. de White, The Signs of the Times, 26 de febrero de 1880
«No era que Dios le hubiese dado vida para este fin, sino que su providencia había dirigido los acontecimientos para colocarlo en el trono en el tiempo mismo de la liberación de Israel. Aunque por sus crímenes, este arrogante tirano había perdido todo derecho a la misericordia de Dios, se le había preservado la vida para que mediante su terquedad el Señor manifestara sus maravillas en la tierra de Egipto.
»La disposición de los acontecimientos depende de la providencia de Dios. Él pudo haber colocado en el trono a un rey más misericordioso, que no hubiera osado resistir las poderosas manifestaciones del poder divino. Pero en ese caso los propósitos del Señor no se hubieran cumplido».— Elena G. de White, Patriarcas y profetas, cap. 23, p. 242
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
3er trimestre 2025 «EL LIBRO DEL ÉXODO»
Lección # 06 «EL CORAZÓN DEL FARAÓN SE ENDURECE»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
