Comienza el enfrentamiento
Las plagas fueron un ataque asombroso y coordinado contra los dioses egipcios. El poder económico de Egipto provenía del río Nilo, por lo que Dios comenzó su demostración allí, convirtiéndolo en sangre. No obstante, los magos del faraón imitaron esta hazaña y, de nuevo, el corazón del faraón se endureció. Siete días después, ocurrió la siguiente señal, y la tierra se cubrió de ranas. Una vez más, los magos de Egipto realizaron la misma señal (Éxodo 8: 7). El faraón estaba preocupado por la sobreabundancia de ranas, así que le pidió a Moisés que las hiciera desaparecer. Moisés accedió, pero hizo que el faraón fijara el tiempo, para que supiera que era el poder de Dios el que revertía la plaga (vers. 9-10). Aun así, cuando las ranas desaparecieron, el faraón volvió a endurecer su corazón. Una tercera plaga de piojos cayó sin previo aviso sobre la tierra; esta vez los magos del faraón fueron incapaces de reproducir la plaga. Podríamos esperar que la reacción del faraón fuera diferente debido a esto. Sus magos confesaron que era el «dedo de Dios» (vers. 19, RV95), pero su hábito de resistirse a Dios se había fortalecido con el tiempo. El faraón se estaba volviendo más y más obstinado.
Dios envió la cuarta plaga, esta vez moscas. Para seguir demostrando su superioridad sobre los dioses del faraón, protegió la tierra de Gosén, donde vivían los israelitas. Las siguientes plagas se produjeron en rápida sucesión, mientras el faraón cedía y luego se retractaba de su permiso para liberar a los israelitas. El corazón del faraón se volvía cada vez más resistente con cada plaga.
Por consiguiente, Dios utilizó la obstinación del faraón para ayudar a los israelitas a ver más claramente su poder. Cuando Moisés y Aarón advirtieron al faraón de la llegada de la octava plaga, que consistía en langostas, los siervos del faraón lo instaron a que accediera a las peticiones de los hermanos. Estaban empezando a confiar en las palabras de Moisés. Debido a esta presión, el faraón accedió a dejar libres solo a los hombres y que las mujeres y los niños se quedaran. Moisés insistió en que dejara ir a todo el pueblo. El faraón se negó y comenzó la plaga de langostas. Una vez más, el faraón confesó su pecado a Moisés a causa de la destrucción de las langostas, y Moisés pidió a Dios que detuviera la plaga. De nuevo, el corazón del faraón se endureció y se negó a dejar en libertad al pueblo. Entonces cayó una última plaga no anunciada, la novena plaga de las tinieblas, que cubrió la tierra durante tres días. Ante esto, el faraón cedió aún más, ofreciendo dejar libre al pueblo siempre y cuando dejaran atrás el ganado. Moisés se negó, pues afirmó que las ovejas y las vacas les eran necesarias para los sacrificios cuando adoraran al Señor. Con esto, por última vez el corazón del faraón se endureció, así que echó a Moisés de su presencia, no sin antes decirle que nunca más volvería a ver su rostro.
Después de repasar el texto que escribiste y resaltaste:
- ¿Qué te parece lo que marcaste o subrayaste y relacionaste?
- ¿Qué preguntas te surgen?
- ¿Qué partes te parecen más difíciles?
- ¿Qué otros principios y conclusiones puedes identificar?
¿Has luchado alguna vez contra Dios? ¿Cómo se resolvió la situación?
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
3er trimestre 2025 «EL LIBRO DEL ÉXODO»
Lección # 05 «PLAGA POR DOQUIER»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
