«Crea en mí, Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí».
Salmo 51: 10
El Señor purifica el corazón de la misma manera como nosotros ventilamos una habitación. No cerramos las puertas y las ventanas para introducir alguna sustancia purificadora en ella; sino que las abrimos ampliamente y dejamos que entre la atmósfera purificadora del cielo. Las ventanas de la impulsividad y del sentimentalismo, necesitan abrirse hacia el cielo, y el polvo del. egoísmo y de lo terrenal debe ser expulsado. La gracia de Dios ha de invadir las recámaras de la mente, la imaginación debe espaciarse en temas celestiales, y todo el ser tiene que ser purificado y revitalizado por el Espíritu de Dios.— Hijos e hijas de Dios, 10 de abril, p. 109.
El que vive conforme a los principios de la religión bíblica, no será hallado débil en poder moral. Bajo la influencia ennoblecedora del Espíritu Santo, los gustos e inclinaciones se volverán puros y santos. Nada se posesiona tan fuertemente de los afectos, nada penetra tan hondamente en los motivos más profundos de la acción, nada ejerce tan potente influencia sobre la vida, ni da tan grande firmeza y estabilidad al carácter como la religión de Cristo. Impulsa a su seguidor siempre hacia arriba, inspirándole nobles propósitos, enseñándole dignidad de porte e impartiendo conveniente dignidad a toda nación.— Obreros evangélicos, pp. 5133, 134.
La iglesia es el objeto del amor y los más tiernos cuidados de la Divinidad. Si los miembros se lo permiten, el Señor manifestará su carácter por medio de ellos. Por eso les dice: «Ustedes son la luz del mundo» (Mat. 5: 14, NVI). Los que caminan y se relacionan con Dios practican la mansedumbre de Cristo. En sus vidas, la paciencia, la mansedumbre y el dominio propio están unidos al santo fervor y a la diligencia. A medida que avanzan hacia el cielo, se borran los rasgos duros de su carácter y se deja ver la santidad. El Santo Espíritu, lleno de gracia y poder, obra en su mente y su corazón.— En los lugares celestiales, 4 de octubre, p. 285.
El corazón en el cual Cristo hace su morada será vivificado, purificado, guiado y gobernado por el Espíritu Santo, y el agente humano hará enérgicos esfuerzos para poner su carácter en armonía con Dios. Evitará todo lo que sea contrario a la voluntad revelada y a la opinión de Dios.— Hijos e hijas de Dios, 30 de marzo, p. 98.
EL ESPIRITÚ DE LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
