«Siempre doy gracias a mi Dios por ustedes y por la gracia que ´él les ha dado en Cristo Jesús».
1 Corintios 1: 4, RVC
Hay muchos que esperan merecer por sus propias obras el favor de Dios. No comprenden su impotencia. No aceptan la gracia de Dios como un don gratuito, sino que tratan de levantarse a sí mismos con su justicia propia.— Palabras de vida del gran Maestro, cap. 19, pp. 195, 196.
El Salvador comparó las bendiciones del amor redentor con una preciosa perla (ver Mat. 13: 45, 46).
El comerciante la compró a cambio de todo lo que tenía. Muchos objetan el significado de esto, puesto que Cristo es presentado en las Escrituras como un don. Él es un don, pero únicamente para aquellos que se entregan a él sin reservas, en alma, cuerpo y espíritu. Hemos de entregamos a Cristo para vivir una vida de voluntaria obediencia a todos sus requerimientos. Todo lo que somos, todos los talentos y facultades que poseemos son del Señor y han de ser consagrados a su servicio. Cuando nos entregamos por completo a él, Cristo con todos los tesoros del cielo se da a sí mismo a nosotros. Obtenemos la perla de gran precio.
La salvación es un don gratuito, pero ha de ser comprado y vendido. En el mercado administrado por la misericordia divina, la perla preciosa aparece vendiéndose sin dinero y sin precio.
El evangelio de Cristo es una bendición que todos pueden poseer. El más pobre es tan capaz de comprar la salvación como el más rico; porque no se puede conseguir por ninguna cantidad de riqueza mundanal. La obtenemos por una obediencia voluntaria entregándonos a Cristo como su propia posesión comprada.
Hemos de buscar la perla de gran precio, pero no en los emporios del mundo y por medio de los métodos mundanos. El precio que se nos exige no es oro ni plata, porque estas cosas pertenecen a Dios. Abandonen la idea de que por medio de la prosperidad material o espiritual ganarán la salvación. Dios pide obediencia voluntaria.—lbid., cap. 9, pp. 89, 90, 91; 92.
Todos sus dones son prometidos a condición de la obediencia. Dios tiene un cielo lleno de bendiciones para los que cooperen con él.— Ibid., cap. 12, p. 113.
EL PRECIO DE LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
