martes , 6 octubre 2026
Devocional Vespertino 2025

«¡QUÉ PRECIO!»

«Ustedes saben que fueron rescatados, no se pagó con cosas corruptibles, como el oro y la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, sin mancha y sin contaminación».

1 Pedro 1: 18, 19, RVC

Fueron rescatados», dice Pedro, «no se pagó con cosas corruptibles, como oro o plata» (1. Ped. 1: 18). Si hubieran sido suficientes para comprar la salvación del ser humano, cuán fácil hubiera sido para Aquel que dice: «Tu plata y tu oro son míos» (l Rey. 20: 3). Pero el transgresor de la santa ley de Dios solo podía ser redimido con la preciosa sangre del Hijo de Dios.— Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 449.

Nuestro Redentor puso la redención a nuestro alcance mediante su sacrificio infinito y su inexpresable sufrimiento. Sin honra y desconocido estuvo en este mundo a fin de que, mediante su condescendencia y humillación maravillosas, pudiera exaltar al ser humano para que este recibiera honores eternos y gozos inmortales en los atrios del cielo. Durante los treinta años de vida de Cristo en la tierra, su corazón fue atormentado con angustia indecible., La senda, desde el establo hasta el Calvario, fue ensombrecida por sufrimiento y pesar. Fue varón de dolores, experimentado en quebrantos, que soportó tales pesares que ningún lenguaje humano puede describir. Podría haber dicho en verdad: «Miren y vean si hay dolor como el dolor que me ha sobrevenido» (Lam. 1: 12, RVA15). Aunque aborrecía el pecado con perfecto odio, acumuló sobre su alma los pecados de todo el mundo. Inmaculado, llevó los pecados de los culpables. Inocente, se ofreció sin embargo como sustituto por los transgresores.

El peso de la culpabilidad de todos los pecados cargó sobre el alma divina del Redentor del mundo. Los malos pensamientos, las malas palabras, los malos actos de cada hijo e hija de Adán demandaron una paga que recayó sobre Cristo, pues se había convertido en el sustituto del ser humano. Aunque no era suya la culpa del pecado, su espíritu fue desgarrado y magullado por las transgresiones de los seres humanos, y Aquel que no conoció pecado llegó a ser pecado por nosotros para que pudiéramos ser justicia de Dios en él.— Mensajes selectos, t. 1, pp. 378, 379.

¡Qué precio se pagó! Contemplemos la cruz y la víctima alzada en ella. Miremos aquellas manos horadadas por los crueles clavos. Miremos sus pies clavados a la cruz. Cristo llevó nuestros pecados en su propio cuerpo. Ese sufrimiento y esa agonía son el precio de nuestra redención.— Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 477.

 

EL PRECIO DE  LA GRACIA 

Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García

 

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