«Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación».
1 Tesalonicenses 4: 7
La vida es un regalo de Dios. Nuestro cuerpo nos ha sido dado para que lo empleemos en el servicio del Señor, y él desea que lo cuidemos y le tengamos aprecio. Poseemos facultades físicas y mentales. Nuestros impulsos y pasiones tienen su asiento en el cuerpo, y por lo tanto no debemos hacer nada que contamine esta posesión que se nos ha confiado. Debemos mantener nuestro cuerpo en la mejor condición física posible, y bajo una constante influencia espiritual para que podamos utilizar nuestros talentos de la mejor manera. «Los alimentos son para el vientre, y el vientre para los alimentos; pero tanto al uno como a los otros destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor y el Señor para el cuerpo» (l Cor. 6: 13).— Consejos sobre salud, cap. 2; p. 34.
Nuestros cuerpos pertenecen a Dios. Él pagó el precio de la redención por el cuerpo tanto como por el alma. Dios es el gran Guardián del organismo humano. Hemos de cooperar con él en el cuidado de nuestros cuerpos. El amor a Dios es esencial para la vida y la salud. A fin de gozar de salud perfecta, nuestros corazones deben estar llenos de esperanza, amor y gozo.
Las pasiones inferiores deben ser estrictamente dominadas. Se abusa, se abusa terriblemente de las facultades de percepción cuando se permite que las pasiones se desboquen. Cuando se da rienda suelta a las pasiones, la sangre, en lugar de circular por todas partes del cuerpo, aliviando de ese modo el corazón y aclarando la mente, congestiona indebidamente los órganos internos. El resultado de ello es la enfermedad. El ser humano no puede gozar de salud hasta que el mal no sea descubierto y remediado.
«Pero el que se une al Señor», es decir, que se encuentra unido a Cristo mediante el pacto de la gracia, «un espíritu es con él. Huid de la fornicación» (1 Cor. 6: 1718). No nos detengamos ni por un momento para racionalizar. Satanás se regocijará al vernos vencidos por la tentación. No nos detengamos a discutir el caso con nuestra conciencia débil. Alejémonos del primer paso de la transgresión.
Ojalá que el ejemplo de José sea seguido por todos los que afirman ser sabios, los que se sienten competentes en su propia fortaleza para sobrellevar los deberes de la vida. Un ser humano inteligente no será gobernado ni controlado por sus apetitos y pasiones, sino que él los controlará y gobernará. Se acercará a Dios en su esfuerzo por preparar la mente y el cuerpo para cumplir correctamente las obligaciones de la vida. Satanás es el destructor; Cristo es el Restaurador.— Ibid., cap. 13, pp. 445, 446.
EL PACTO DE LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
