«Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará».
Proverbios 24: 3
El que creó a Eva para que fuera compañera de Adán realizó su primer milagro en una boda. […] Con su presencia sancionó el matrimonio, reconociéndolo como institución que él mismo había fundado. Había dispuesto que hombres y mujeres se unieran en el santo lazo del matrimonio, para formar familias cuyos miembros, coronados de honor, fueran reconocidos como miembros de la familia celestial— El ministerio de curación, cap. 29; p. 245.
Como todos los otros buenos dones confiados por Dios a la custodia de la humanidad, el matrimonio ha sido pervertido por el pecado: pero es el propósito del evangelio devolverle su pureza y belleza.
La gracia de Cristo es lo único que puede hacer de esta institución lo que Dios quiso que fuera: un medio de bendecir y elevar a la humanidad. Así pueden las familias de la tierra, en su unidad, paz y amor, representar la familia celestial. La condición de la sociedad ofrece un triste comentario acerca del ideal que tiene el cielo para esta relación sagrada. Sin embargo, aun a aquellos que encontraron amargura y chasco donde habían esperado obtener compañerismo y gozo, el evangelio de Cristo ofrece solaz.— El hogar cristiano, cap. 15, p. 94.
La paciencia y la gentileza que su Espíritu puede impartir, endulzarán la amarga suerte. El corazón en el cual mora Cristo, estará tan lleno, tan satisfecho de su amor, que no se consumirá anhelando atraer simpatía y atención a sí mismo. Y por medio de la entrega del alma a Dios, su sabiduría puede llevar a cabo lo que la sabiduría humana no puede hacer. Por medio de la revelación de su gracia, los corazones que una vez fueron indiferentes o estaban apartados, se pueden unir.
Los hombres y las mujeres pueden alcanzar el ideal de Dios para ellos si quieren hacer de Cristo su Ayudador, Lo que la sabiduría humana no puede hacer, lo hará su gracia por aquellos que se entregan a sí mismos a él con confiado amor. Su providencia puede unir corazones con vínculos de origen celestial. El amor no será un mero intercambio de palabras tiernas y halagadoras. El telar del cielo teje con hilos más finos, pero más resistentes, de lo que pueden tejer los telares de la tierra. El resultado no es un tejido de seda, sino una textura que soportará el desgaste y la prueba. El corazón se unirá al otro corazón con los lazos dorados del amor eterno.— The Review and Herald, 10 de diciembre de 1908.
EL PROPOSITO DE GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
