Una vida de paz
«Cristo es el “Príncipe de paz” (Isaías 9: 6), y su misión es devolver al cielo y a la tierra la paz que el pecado destruyó. “Ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro señor Jesucristo” (Romanos 5: 1). Los que consientan renunciar al pecado y abran el corazón al amor de Cristo, participarán de la paz celestial.
»No hay otro fundamento para la paz. La gracia de Cristo, aceptada en el corazón, vence la enemistad, apacigua la lucha y llena el alma de amor. El que está en armonía con Dios y con su prójimo no sabrá lo que es la desdicha. No habrá envidia en su corazón ni su imaginación albergará el mal; allí no podrá existir el odio. El corazón que está de acuerdo con Dios participa de la paz del cielo y esparce a su alrededor una influencia bendita. El espíritu de paz se asentará como rocío sobre los corazones cansados y turbados por la lucha del mundo».— Elena G de White, El discurso maestro de Jesucristo, cap. 2, p. 50.
«Antes de que nuestro Señor se encaminara a la agonía de la cruz, hizo testamento. No tenía ni plata ni oro, ni casas que dejar a sus discípulos. Era pobre en bienes terrenales. Pocos en Jerusalén eran tan pobres como él. Pero dejó a sus discípulos una herencia más valiosa que la que cualquier monarca terrenal hubiera podido legar a sus súbditos. “La paz os dejo, mi paz os doy”, dijo. […] Les dejó la paz que había sido suya durante su vida en la tierra, la que había estado con él en medio de las estrecheces, los maltratos y la persecución, y que iban a permanecer con él durante su agonía en el Getsemaní y en la despiadada crucifixión.
»La vida del Salvador en esta tierra, pese a haberse tenido que desarrollar en medio de adversidades, fue una vida de paz. […] Ninguna tormenta de la ira satánica pudo alterar la calma de aquella perfecta comunión con Dios. Y él nos dice: “Mi paz os doy”.
»Todos los que acepten la palabra de Cristo y confíen su alma a su cuidado y su vida a su ordenación, encontrarán paz y sosiego. Nada en el mundo podrá entristecerlos, siendo que Jesús les proporciona el gozo con su presencia. En la perfecta conformidad hay perfecto descanso. Isaías nos asegura, hablando del Señor: “Tú guardas en completa paz a quien siempre piensa en ti y pone en ti su confianza”(Isaías 26: 3, RVC)».— lena . de White, En los lugares celestiales, 30 de agosto.
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
1er trimestre 2025 «RENOVAR LA MENTE»
Lección 09 «ENCONTRAR LA PAZ INTERIOR»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
