«Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos, por el soplo de su boca, todos los astros […]. Pues él habló, y todo fue hecho; él ordenó, y todo quedó firme». Salmos 33:6, 9
En una entrevista, al astrofísico Neil deGrasse Tyson se le preguntó sobre la relación entre Dios y la ciencia. En su respuesta, expresó que a medida que la ciencia avanza y proporciona explicaciones sobre la naturaleza, nuestra dependencia de Dios tiende a disminuir. Además, señaló que en épocas antiguas, las personas recurrían a los dioses para explicar fenómenos atmosféricos y astronómicos que no comprendían: «Como hoy la ciencia puede explicar estos fenómenos, ya no necesitamos a Dios», concluyó Tyson.
Es probable que conozcas a más de una persona, quizás un amigo o un profesor universitario, que comparta una perspectiva similar sobre Dios: considerarlo como una explicación temporal hasta que la ciencia logre comprenderlo todo. Sin embargo, el problema con definir a Dios de esta manera es que conduce inevitablemente a un conflicto entre Dios y la ciencia, forzándonos a tomar decisiones entre uno u otro.
Comentando esta falsa dicotomía, el matemático británico John Lennox señala que «el Dios de la Biblia no es el Dios de la laguna». Acto seguido preguntó:
«Cuando abrimos la Biblia, ¿qué dicen las primeras palabras? ¿“En el principio creó Dios los rincones del universo que todavía no entendemos”? ¡Claro que no! Dios creó “los cielos y la tierra”, es decir, lo creó todo: las partes del universo que entendemos y también las que no entendemos».
Así como, al adquirir más conocimiento sobre arte, mi admiración por una pintura de Velázquez no disminuye, sino que crece, y al conocer más sobre ingeniería y arquitectura, mi admiración por el Burj Khalifa aumenta en lugar de disminuir; de manera similar, al profundizar en mi comprensión del universo, debería aumentar mi admiración por el Dios que lo creó, y no disminuir. Louis Pasteur expresó en su autobiografía que «un poco de ciencia nos aparta de Dios. Mucha nos acerca a él». Por lo tanto, en este día y siempre, nuestros corazones deberían resonar con el canto que se entona en el cielo:
«Tú eres digno, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú has creado todas las cosas; por tu voluntad existen y fueron creadas» (Apocalipsis 4:11).
Tomado de: Lecturas Devocionales para Jóvenes 2025
«HOY ES TENDENCIA»
POR: JORGE L.RODRÍGUEZ
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González
