Por mucho que no comprendamos acerca de los caminos y los pensamientos de Dios, las Escrituras revelan algunas cosas que ayudan a abordar el problema del mal. Una vía para ello se conoce como la defensa del libre albedrío. De acuerdo con esa perspectiva, el mal es el resultado del uso equivocado del libre albedrío por parte de los seres humanos. Dios, por lo tanto, no es responsable del mal, pues este es el resultado del mal uso que las criaturas hacen de la libertad que Dios les ha concedido. ¿Por qué, sin embargo, otorgaría Dios libre albedrío si esto llevaría al mal? Respondiendo a esta pregunta, C. S. Lewis escribió que «el libre albedrío, aunque hace que el mal sea posible, es también lo único que hace posible que el amor o la bondad o el gozo valgan la pena. Un mundo de autómatas, de criaturas que operen como máquinas, apenas si valdría la pena ser creado. La felicidad que Dios determina para sus criaturas más elevadas es la felicidad de estar libre y voluntariamente unidas con él y entre sí, […] y para eso tienen que ser libres» (Cristianismo y nada más [Caribe, 1977], p. 58).
Lee Génesis 2: 16 y 17. ¿Cómo muestran estos versículos la libertad moral concedida por Dios a Adán y a Eva?
La realidad del libre albedrío moral resulta evidente a lo largo de la Escritura (ver Deut. 7: 12, 13; Jos. 24: 14, 15; Sal. 81: 11-14; Isa. 66: 4). Nosotros mismos ejercemos cada día y en un grado u otro el libre albedrío que nos ha concedido nuestro Creador. No seríamos humanos si no tuviéramos libre albedrío. Sin este, nos pareceríamos más a una máquina o a un robot.
La compañía Sony ha creado un perro robot llamado Aibo. No se enferma, no tiene pulgas, no muerde, no necesita vacunas y no pierde pelo. ¿Cambiarías tu perro de carne y hueso por un Aibo? Si no es así, ¿Cómo podría tu elección ayudarte a entender mejor por qué Dios nos creó como lo hizo, con libre albedrío, a pesar de los riesgos?
Lección de Escuela Sabática para Adultos 2024.
1er. Trimestre 2025 «EL AMOR DE DIOS Y SU JUSTICIA»
Lección 7: «EL PROBLEMA DEL MAL»
Colaboradores: Esmeralda Bermudes y Karla González
