Purificado, elevado y refinado
«El hombre había de llevar la imagen de Dios, tanto en la semejanza exterior, como en el carácter. Aunque únicamente Cristo es “la misma imagen” del Padre (Hebreos 1: 3), el hombre fue creado a semejanza de Dios. Su naturaleza estaba en armonía con la voluntad de Dios. Su mente era capaz de comprender las cosas divinas. Sus afectos eran puros, sus apetitos y pasiones estaban bajo el dominio de la razón. Era santo y se sentía feliz de llevar la imagen de Dios y de mantenerse en perfecta obediencia a la voluntad del Padre».— Elena G. de White, Historia de los patriarcas y profetas, cap. 2, pp. 24-25
«Orar en nombre de Cristo significa mucho. Significa que hemos de aceptar su carácter, manifestar su espíritu y realizar sus obras. La promesa del Salvador se nos da bajo cierta condición. “Si me amáis —dice— guardad mis mandamientos”. Él salva a los hombres no en el pecado, sino del pecado; y los que le aman mostrarán su amor obedeciéndole».— Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, cap. 73, p. 637
«Está al alcance de todos escoger los temas que han de ocupar los pensamientos y moldear el carácter».— Elena G. de White, La educación, cap. 13, p. 114
«Los pensamientos deben ser disciplinados. Controlen la mente para que trabaje en la dirección correcta y según las órdenes emanadas de planes bien formados. De esta manera, cada paso que se dé será hacia el progreso, y ningún esfuerzo o tiempo se perderá en seguir ideas vanas y planes trazados al azar. Debemos considerar el blanco y el objeto de la vida, y siempre mantener en vista propósitos dignos. Los pensamientos deben disciplinarse cada día y mantenerse a punto, como la brújula al polo. Toda persona debe tener blancos y propósitos, y luego hacer que cada pensamiento y acción contribuyan al cumplimiento de aquello que se ha propuesto. Los pensamientos deben ser controlados. Tiene que haber una fijeza de propósitos para realizar lo que se ha emprendido».— Elena G. de White, Nuestra elevada vocación, 16 de abril
«Los jóvenes deben comenzar pronto a cultivar hábitos que les permitan pensar correctamente. Hemos de disciplinar la mente para que los pensamientos recorran canales sanos, y para que no permitamos que se dediquen a cosas malas. El salmista exclama: “¡Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Jehová, roca mía y redentor mío!” (Salmo 19: 14)».— Elena G. de White, Mente, carácter y personalidad, t. 2, cap. 72, p. 299
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
1er trimestre 2025 «RENOVAR LA MENTE»
Lección 03 «RECIBIR LA MENTE DE CRISTO»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
