“Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mat 5:45, RVR60).
“Para mí, la verdadera generosidad es así: uno da todo y siempre siente como si no le hubiera costado nada”. Simone de Beauvoir
Al consultar el origen etimológico de la palabra “generosidad” es interesante descubrir que proviene del vocablo latino generositatem, que significa “noble de estirpe”.178 Resulta evidente que, en épocas pasadas, “se esperaba de las personas de noble nacimiento que no se limitaran a vestir ropa fina y tener un porte digno, sino que también fueran considerados con aquellos que pertenecían a estratos sociales inferiores”.179 Siendo que no existe una estirpe mayor, un nacimiento más noble que ser hijas del Dios altísimo, cae por su propio peso que la generosidad debería ser una virtud innegociable en nuestra vida.
El Señor no nos pide nada que él no nos haya dado primero. Él, “que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas?” (Rom. 8:32, NVI). Él, de quien procede “todo lo bueno y perfecto que se nos da” (Sant. 1:17). Él es el que nos llama a cambiar, para que nuestro carácter se parezca cada vez más al suyo; para que su generosidad cale en nuestra filosofía de vida.
Leemos en Isaías 32:8: “El generoso concebirá acciones generosas, y por las acciones generosas permanecerá” (RVA-2015). Esto solo se logra buscando a Dios en oración para que produzca en nosotras tanto el querer como el hacer por su buena (y generosa) voluntad.
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Lecturas Devocionales para Damas 2024
“VIRTUOSA” Ante todo, cristiana
Por: Mónica Díaz
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Adriana Jiménez
