“Nosotros ya no pensamos de nadie según los criterios de este mundo” (2 Cor. 5:16).
“Cristo no admitió distinción alguna de nacionalidad, jerarquía social ni credo. Cristo vino para derribar toda valla divisoria. Vino para manifestar que su don de misericordia y amor es tan ilimitado como el aire, la luz o las lluvias que refrigeran la tierra”. Elena de White
La manera en que Jesús vivió habla claro: aceptación sin discriminaciones, visión de posibilidades donde parecía no haberlas, trato sin acepción de personas, amistad desinteresada para todos. A diferentes niveles de profundidad, eso es cierto, pero abiertamente para todos. Jesús valoraba a cada persona en función de la dignidad que le otorgaba ser hijo de Dios. Jesús vio la imagen de Dios en todos, por eso trató a todo el mundo de esa forma que pudiera invitarlos a acercarse más a Dios en vez de hundirse más en el pecado.
Sí, es cierto, hoy las leyes son mucho menos discriminatorias que en tiempos pasados, pero seguimos albergando discriminación hacia aquella persona que percibimos como no “normal”, sea lo que sea que “normal” significa para cada quien. El problema con esta actitud es que nos impide algo fundamental para todo cristiano: ver al otro como hijo de Dios y, por tanto, hermano. Igual a mí, en origen y derechos. Qué importante desarrollar esa mirada, que solo Dios nos puede enseñar.
¿Estás unida a Cristo? Entonces se notará en que eres una nueva persona, que ya no piensas de nadie según los criterios de este mundo, sino conforme a esa mirada de amor y amistad que Jesús nos enseñó a tener. Esa será una clara muestra de que eres una mujer virtuosa.
En todas las épocas hacen falta personas parecidas a Jesús, que vivan de tal modo que sean una inspiración a no discriminar. En esta época, puedes ser tú.
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Lecturas Devocionales para Damas 2024
“VIRTUOSA” Ante todo, cristiana
Por: Mónica Díaz
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Adriana Jiménez
