La purificación del Templo
Al referirse a las obras milagrosas de Jesús como «señales», Juan indica que estos actos son algo más que simples acontecimientos que sorprenden. Tienen una finalidad: su propósito es fomentar la fe en Cristo (ver Juan 2: 11, 23). A veces, pensamos: «Si pudiera ver una sola de esas señales, estaría firme en mi fe»; sin embargo, Juan demostró que no siempre es así.
Juan 2: 13-25 describe la primera purificación del Templo por parte de Jesús. El versículo 12 nos dice que Jesús viajó un tiempo después de la boda, y el versículo 13 nos dice que se dirigía a Jerusalén para la Pascua. Cada uno de los escritores de los otros Evangelios mencionó una Pascua durante los años de ministerio de Jesús, pero Juan menciona al menos tres. Los escritores de los Evangelios sinópticos mencionan una purificación del Templo al final del ministerio de Jesús; en cambio, Juan relata una purificación al principio. Puesto que este relato es exclusivo de Juan y que contiene diferencias significativas en la redacción y en las acciones narradas con respecto a los otros Evangelios, entendemos que Cristo purificó el Templo dos veces. La primera vez sirvió para anunciar el comienzo de su ministerio, mientras que la segunda señala su conclusión.
Debido a las largas distancias recorridas durante la Pascua, muchos de los peregrinos no podían traer sus propios animales para el sacrificio. Tenían que comprarlos en Jerusalén. Para ello se estableció un mercado en el atrio exterior del Templo. Además, las cuotas del Templo solo podían pagarse con la moneda del Templo, lo que daba lugar a que los cambistas intervinieran. Dos resultados siguieron a las acciones de Jesús: en primer lugar, trasladar el mercado, como lo exigió Jesús, dificultó a los peregrinos los preparativos de la Pascua; en segundo lugar, facilitó a los contritos el acceso a la experiencia espiritual que les esperaba en el Lugar Santo.
Jesús recibió diferentes respuestas a sus acciones. Los líderes religiosos exigían una señal, lo que podía considerarse un requisito razonable. Deuteronomio 13: 1-5 y 18: 20-22 enfatizan la importancia de que un verdadero profeta haga predicciones exactas como señal no negociable de que Dios lo ha llamado al ministerio profético. Los judíos estaban ansiosos por ver un milagro impresionante, pero en lugar de eso, Jesús hizo una afirmación que solo podría comprobarse en el futuro (Juan 2: 19). Más tarde, los discípulos recordaron y comprendieron este acontecimiento a la luz de la muerte y la resurrección de Jesús. No presenciaron la señal inmediatamente, pero su fe se fortaleció cuando se cumplió. Muchos creyeron en Jesús al ver sus señales (2: 23), pero la mayoría se apartó (6: 60-62, 66). Uno de los principales motivos de Juan al escribir el Evangelio fue inducir a sus lectores, incluidos nosotros, a creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios (20: 30-31).
Para los judíos de la época de Jesús, el Templo de Jerusalén simbolizaba la esperanza y la grandeza de Israel. En Juan 2: 19, hablando metafóricamente, Jesús comparó su cuerpo con el Templo. Como la Palabra encarnada, Jesús es el nuevo templo. Él revela a Dios habitando entre la humanidad. Al volver a contar y repensar las historias de Jesús, interactuamos no solo con la palabra escrita, sino también con la Palabra hecha carne. Jesús se revela a nosotros de formas nuevas y frescas.
Luego de haber repasado el texto que has copiado y resaltado:
- ¿Qué enseñanzas especiales crees que refleja?
- ¿Qué preguntas te surgen?
- ¿Qué partes te parecieron difíciles?
- ¿Qué otros principios y conclusiones encuentras?
¿Cómo encaja un Jesús que confronta en tu manera de entender su carácter? ¿Necesitas ajustar tu perspectiva?
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