[Cristo] lloró junto a la tumba de Lázaro debido a que no le iba a ser posible salvar a todos aquellos a quienes el poder de Satanás había hundido en la muerte. Se dio a sí mismo en rescate por muchos, a saber, por todos aquellos que quisieran aprovechar del privilegio de volver a ser leales a Dios… Cuando resucitó a Lázaro de la tumba, sabía que por esa vida debía pagar el rescate en la cruz del Calvario. Cada rescate que se hiciera le iba a producir la más profunda humillación. Debía probar la muerte por todos los hombres…
Se dio cuenta de que solo él podía rescatarlos del profundo foso en que habían caído. Sólo él podía poner sus pies en la senda recta; solo su perfección podía contrarrestar su imperfección. Sólo él podía cubrir su desnudez con su propio manto de justicia inmaculada. Él es fuerte para liberar. La ayuda proviene de Uno que es poderoso. Él rodea al hombre con su largo brazo humano, mientras que con su brazo divino se sostiene en la omnipotencia (Sons and Daughters of God, p. 25; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, p. 27).
No era solo por su simpatía humana hacia María y Marta por lo que Jesús lloró. En sus lágrimas había un pesar que superaba tanto al pesar humano como los cielos superan a la tierra. Cristo no lloraba por Lázaro, pues iba a sacarle de la tumba. Lloró porque muchos de los que estaban ahora llorando por Lázaro maquinarían pronto la muerte del que era la resurrección y la vida. Pero ¡cuán incapaces eran los judíos de interpretar debidamente sus lágrimas! Algunos que no podían ver como causa de su pesar sino las circunstancias externas de la escena que estaba delante de él, dijeron suavemente: “Mirad cómo le amaba”. Otros, tratando de sembrar incredulidad en el corazón de los presentes, decían con irrisión: “¿No podía este que abrió los ojos al ciego, hacer que este no muriera?” Si Jesús era capaz de salvar a Lázaro, ¿por qué le dejó morir?
Con ojo profético, Cristo vio la enemistad de los fariseos y saduceos. Sabía que estaban premeditando su muerte. Sabía que algunos de los que ahora manifestaban aparentemente tanta simpatía, no tardarían en cerrarse la puerta de la esperanza y los portales de la ciudad de Dios. Estaba por producirse, en su humillación y crucifixión, una escena que traería como resultado la destrucción de Jerusalén, y en esa ocasión nadie lloraría los muertos. La retribución que iba a caer sobre Jerusalén quedó plenamente retratada delante de él. Vio a Jerusalén rodeada por las legiones romanas. Sabía que muchos de los que estaban llorando a Lázaro morirían en el sitio de la ciudad, y sin esperanza (El Deseado de todas las gentes, pp. 490, 491).
La bendita Biblia nos da un conocimiento del gran plan de salvación y nos muestra cómo cada persona puede tener vida eterna. ¿Quién es el autor del Libro? Jesucristo. Él es el Testigo Fiel, y le dice a los suyos: “Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”. Juan 10:28. La Biblia está para mostrarnos el camino a Cristo, y en Cristo se revela la vida eterna (Ser semejante a Jesús, p. 125).
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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2024.
4to. Trimestre 2024 «TEMAS EN EL EVANGELIO DE JUAN»
Lección 02: «SEÑALES DE DIVINIDAD»
Colaboradores: AURA HERRERA y Adriana Jiménez
