Talentos encomendados
Durante los últimos días de su ministerio terrenal, Jesús les mencionó a sus discípulos varias señales que indicarían cuándo su regreso y el fin del mundo serían inminentes. Explicó los desafíos que enfrentarían los creyentes del tiempo del fin, y cómo debían prepararse. Por medio de una serie de parábolas, Jesús detalló diversos peligros espirituales que tendría la iglesia al acercarse la Segunda Venida. La parábola de los talentos es un relato sobre un retraso inesperado. Hay dos parábolas más que también presentan el retraso como parte central de la trama, y preceden a esta narrativa. Jesús enfatizó que nadie puede precisar el momento de su regreso: «Manténganse ustedes despiertos —añadió Jesús—, porque no saben ni el día ni la hora» (Mateo 25: 13). Algunos han perdido la fe porque esperaban que Jesús regresara antes, pero Cristo advirtió que habría un retraso significativo que probaría la fe de las personas. Jesús quería que sus discípulos estuvieran preparados para su regreso en todo momento, sin importar cuán larga o corta fuera la espera.
En la parábola de los talentos, un hombre salió de viaje a una tierra lejana, pero también les prometió a sus discípulos que regresaría. Antes de irse, el hombre de la parábola le confió a cada uno de sus siervos una cantidad distinta de talentos. Los talentos en este relato tenían un valor monetario. Un talento era el equivalente a aproximadamente 6,000 denarios. Un denario era el equivalente al salario de un día de trabajo de un obrero no especializado. Para poner esto en perspectiva, un talento representaba cerca de veinte años de trabajo. Un talento era una cantidad de dinero extraordinaria. ¡Imagina cinco talentos! Los siervos de esta parábola recibieron grandes cantidades de recursos para administrarlos con sabiduría. A los siervos con más habilidades se les encomendaron mayores cantidades de dinero. En la aplicación espiritual de la parábola vemos que Jesús nos hizo administradores de sus recursos y de su obra mientras él viaja a un destino lejano: el cielo. Nos ha encomendado talentos a todos, que representan las habilidades y los recursos que tenemos y que podemos mejorar para bendecir a quienes nos rodean.
Cuando estudiamos las parábolas, debemos tener en cuenta que un personaje puede representar un aspecto particular de la obra de Cristo, pero su papel completo nunca está totalmente representado en un simple relato. Aunque el hombre que repartió los talentos y viajó a una tierra lejana representa a Jesús, hay diferencias importantes también. Así como el hombre de la parábola les confió talentos a sus siervos y requería que estos crecieran, Cristo espera que utilicemos los talentos que nos dio. Sin embargo, aunque el hombre de la parábola no tuvo contacto con sus siervos mientras estaba lejos, Jesús no nos dejó solos (ver Mateo 28: 20). Jesús no solo nos da los talentos, sino también la habilidad de hacerlos crecer. Jesús quiere trabajar en nosotros para desarrollar esos talentos con los que nos creó.
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