¿Quién es mi prójimo?
Una interacción entre Jesús y cierto maestro de la ley fue la antesala de la parábola del buen samaritano. El maestro de la ley le preguntó a Jesús qué debía hacer para recibir la vida eterna. Jesús le respondió con dos cuestiones: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué es lo que lees?» (Lucas 10: 26). El maestro de la ley respondió con uno de los pasajes más conocidos del Antiguo Testamento, que los rabinos judíos solían llamar la «Shemá»: «Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Deuteronomio 6: 5). Este mandato era el corazón del pensamiento y la adoración de los judíos. El maestro de la ley conectó esta enseñanza con otra, que encontramos en Levítico 19: 18 y que dice: «Ama a tu prójimo como a ti mismo» (RVC). Jesús afrmó tajantemente que los mandatos de amar a Dios y amar a nuestro prójimo son el camino a la vida abundante a la que Dios nos ha llamado. Amar a los demás es el camino a la vida eterna, no porque obedecerlo nos haga ganar o merecer la salvación, sino porque el poder transformador de Dios nos llena con un amor que proviene del Creador y se extiende a sus criaturas. En otro texto, Jesús dejó claro que toda la Ley (los Diez Mandamientos) se resume en esos dos mandatos (Mateo 22: 37-40).
Sin embargo, en los días de Jesús, los líderes religiosos tenían un debate continuo sobre quién era el prójimo. A menudo interpretaban que Levítico 19 solo se refere a los judíos, especialmente a quienes ellos consideraban bendecidos por Dios con salud y riquezas. El maestro de la ley, en su afán por justificarse, le preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?» (Lucas 10: 29). Jesús le respondió por medio del relato de «un hombre» (vers. 30) que se encontraba en una situación desesperada. Es importante notar que Jesús nunca identificó la clase social ni la nacionalidad de este hombre. No sabemos nada sobre su estatus social; solo sabemos que necesitaba ayuda. El hecho de que Jesús no identificara al hombre herido es brillante: estaba señalando a que nuestro prójimo es toda persona que necesita nuestra ayuda y nuestro amor, sin importar quién sea ni de dónde venga.
Jesús continuó la parábola con un giro inesperado: quienes se suponía que debían ayudar (el sacerdote y el levita) no extendieron la mano para hacerlo; y el que menos se esperaría que ayudara (el samaritano) se acercó al necesitado. El maestro de la ley que hizo la pregunta era una persona religiosa, que había estudiado la Torá. Quizá también cumplía labores sacerdotales y, en tal caso, probablemente se identificó con el relato. El término «prójimo» de pronto tomó un nuevo significado. La Biblia dice que se había acercado a Jesús para probarlo (ver Lucas 10: 25), pero terminó siendo probado. Todos los que acuden a Jesús terminan confrontados con un sentido de responsabilidad para con quienes pasan necesidad.
Regresa al pasaje que escribiste o parafraseaste. Analízalo directamente y reflexiona sobre su contenido con el máximo detenimiento.
- Rodea con un círculo palabras, frases o ideas repetidas.
- Subraya palabras o frases que sean importantes y significativas para ti.
- Dibuja fechas para conectar palabras o frases con otras palabras o frases asociadas o relacionadas.
Escríbelo aquí
Elige un versículo del pasaje y memorízalo. Escríbelo varias veces para que te sea más fácil recordarlo.
¿Qué preguntas hacemos a veces para excusarnos de nuestras responsabilidades?
¿De qué forma Jesús cambió tu sentido de responsabilidad para con los demás?
www.meditacionesdiarias.com
www.faceboock.com/meditacionesdiariass
https://play.google.com/store/apps/details?id=com.meditacionesdiarias.mobile
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2024.
3er trimestre 2024 «RELATOS QUE TRANSFORMAN»
Lección 06 «EL AMOR AL PRÓJIMO»
Colaboradores: Joaquin Maldonado y Adriana Jiménez
