En la Palestina del primer siglo, la hospitalidad no era una opción, sino un deber. Cuando el hombre de la parábola recibió visitas, era esencial que les ofreciera comida. Las comidas eran un evento social donde las personas no solo se reunían, sino que se unían. Sin embargo, el alimento no era abundante, y había que trabajar duro para proveer para las necesidades diarias de la familia. En la parábola, el hombre que no tenía pan se enfrentó a un dilema: o ser un mal anfitrión, o ir a molestar a su vecino a medianoche. Decidió que molestar a su amigo era la mejor opción.
Esta interrupción a medianoche no era solo un inconveniente, ¡era una gran interrupción! En general, los hogares en esa época consistían en casas de una sola habitación donde toda la familia dormía junta. Los golpes a la puerta seguramente despertaron a toda la familia. Una cosa es despertar a un adulto, ¡y otra muy distinta es despertar a un bebé de un año! Con razón comenzó su ruego con la palabra «amigo». A pesar de la inconveniencia, y ante la insistencia del hombre, el vecino le dio pan. No quería que lo molestara más.
Una mirada superficial a esta parábola podría llevarnos a una comprensión equivocada de la enseñanza de Jesús. A menudo buscamos nuestro rol, y el rol de Dios, en las parábolas, para entender cómo Dios se relaciona con nosotros y cómo deberíamos relacionarnos con él. En este caso, somos el hombre que necesita pan, y Dios claramente es quien provee el pan. Después de todo, el Padrenuestro dice: «Danos cada día el pan que necesitamos» (Lucas 11: 3). Esto podría sugerir que disgustamos a Dios cuando oramos. ¿Cómo te sentirías al ser el hombre que golpea la puerta a medianoche pidiendo pan? ¿Así es como deberíamos sentirnos al buscar a Dios? ¿Lo estamos molestando con los detalles insignificantes de nuestra vida? ¡Él tiene que gobernar un universo entero! «Si insisto lo suficiente, me dará lo que necesito, así dejo de fastidiarlo». Me alegra que esta no sea una representación correcta de Dios.
El relato cobra sentido cuando entendemos que la parábola no es una comparación, sino un contraste. Si vale la pena pedirle ayuda a un vecino reacio, cuánto más deberíamos acudir a Dios por cosas que él quiere darnos. Encontramos la frase clave, «cuánto más», en Lucas 11: 13: «¡Cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!».
Dios está a nuestro alcance, y podemos acudir a él por cualquier cosa, cuando sea. Jesús quiere que nos pongamos en los zapatos del hombre que necesitaba pan. Si él tuvo el valor de pedirle pan a su vecino a medianoche, ¡Cuánto más deberíamos nosotros insistir en buscar dones espirituales! No te des por vencido al buscar a Dios en oración. ¡Sigue insistiendo!
Después de repasar el texto que escribiste y resaltaste:
- ¿A qué parece apuntar?
- ¿Qué preguntas te surgen?
- ¿Qué partes te parecen más difíciles?
- ¿Qué otros principios y conclusiones encuentras?
Escríbelo aquí
¿Cómo podemos tener más confianza y persistencia al orar?
www.meditacionesdiarias.com
www.faceboock.com/meditacionesdiariass
https://play.google.com/store/apps/details?id=com.meditacionesdiarias.mobile
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2024.
3er trimestre 2024 «RELATOS QUE TRANSFORMAN»
Lección 05 «PERSISTIR EN LA ORACIÓN»
Colaboradores: Joaquin Maldonado y Adriana Jiménez

