<<Ese día llevaré a cabo todo lo que he anunciado, de principio a fin, en contra de Elí y su familia».
1 Samuel 3: 12, NVI
Eli había cometido un grave error al permitir que sus hijos asumieran los cargos sagrados. Al disculpar la conducta de ellos con este o aquel pretexto, quedó ciego con respecto a sus pecados; pero por último llegaron a tal punto que ya no pudo desviar más los ojos de los delitos de sus hijos. El pueblo se quejaba de sus actos de violencia, y el sumo sacerdote sintió pesar y angustia. No se atrevió a callar durante más tiempo. Pero sus hijos se habían criado pensando únicamente en sí mismos, y ahora no respetaban a nadie. Veían la angustia de su padre, pero sus corazones endurecidos no se conmovían. Oían sus benignas amonestaciones, pero no se dejaban impresionar, ni quisieron cambiar su mal camino cuando fueron advertidos de las consecuencias de su pecado.
Si Elí hubiera tratado con justicia a sus hijos impíos, habrían sido destituidos del sacerdocio y castigados con la muerte.— Patriarcas y profetas, cap. 56, p. 563.
Años tras año el Señor había postergado los castigos con que lo amenazaba. Mucho pudo haberse hecho en aquellos años para redimir los fracasos del pasado; pero el anciano sacerdote no tomó medidas eficaces para corregir los males que estaban contaminando el Santuario de Jehová y llevando a la ruina a miles en Israel. Por el hecho de que Dios tuviera paciencia, Ofni y Finees endurecieron su corazón y permanecieron en la transgression. Elí dio a conocer a toda la nación los mensajes de reproche que habían sido dirigidos a su casa. Así esperaba contrarrestar, hasta cierto punto, la influencia maléfica de su negligencia anterior. Pero las advertencias fueron menospreciadas por el pueblo, como lo había sido por los sacerdotes.— Ibid., cap. 57, pp. 570, 571.
Dios condena la negligencia que flirtea con el crimen y el pecado; no deja sin castigo la insensibilidad que no se apresura a detectar su amenazadora presencia en las familias de los que profesan ser cristianos. Para él los padres son responsables en gran medida de los errores y las locuras de su descendencia. Dios visitó con su condena, no solo a los hijos de Elí sino a Elí mismo; este terrible ejemplo debería ser una advertencia para los padres de nuestros días.— Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 198
www.meditacionesdiarias.com
https://www.facebook.com/meditacionesdiariass
https://play.google.com/store/apps/details?id=com.meditacionesdiarias.mobile
Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
