«Así que sacó a su pueblo de Egipto con alegría, a sus escogidos, con gozo>> Salmo 105 43, NTV
Ceñidos con el cinto, las sandalias calzadas, y el bastón en la mano, el pueblo de Israel permanecía en silencio reverente, y sin embargo expectante, mientras esperaba que el mandato real les ordenará ponerse en marcha. Antes de llegar la mañana, ya estaban en camino. […] Aquel día completó la historia revelada a Abraham en visión profética siglos antes: «Ten por cierto que tu descendencia habitará en tierra ajena, será esclava allí y será oprimida cuatrocientos años. Pro también a la nación a la cual servirán juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza>> Gén.15: 13, 14)».— Patriarcas y profetas, cap. 25, pp. 253, 254.
Al sacar a Israel de Egipto, Dios manifestó nuevamente su poder y misericordia. Las obras maravillosas realizadas al librarnos del cautiverio y la forma en que los trató en su viaje por el desierto, no fueron únicamente para el beneficio de Israel. Habían de ser una lección práctica para las naciones circunvecinas. El Señor se reveló a sí mismo como un Dios que estaba por encima de toda autoridad y grandeza humana. Las señales y maravillas que realizó en favor de su pueblo mostraban su poder sobre la naturaleza y sobre los más encumbrados adoradores de ella.
Dios pasó por la orgullosa tierra de Egipto así como pasará por la tierra en los últimos días. Con fuego y tempestad, terremoto y muerte, el gran Yos Soy redimió a su pueblo. Lo sacó de la tierra de esclavitud. Lo guió a través de <<un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes venenosas y escorpiones; […] en una tierra de sed>>(Deut. 8: 15). Les sacó «agua de la roca del pedernal» y los alimentó con <<trigo de los cielos>> (Salmo 78: 24). <<Porque —como le dijo a Moisés — la porción de Jehová es su pueblo; Jacob, la heredad que le tocó. Lo halló en tierra de desierto, en yermo de horrible soledad; lo rodeó, lo instruyó, lo guardó como a la niña de su ojo. Como el águila que excita su nidada, revoloteando sobre sus pollos, así extendió sus alas, lo tomó y lo llevó sobre sus plumas. Jehová solo lo guío, y con él no hubo dios extraño>> (Deut. 32: 9-12). Así los sacó para él, para que pudieran morar bajo la sombra del Altísimo.— Palabras de Vida del gran Maestro, pp. 269, 270.
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Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
