Puesto que el sábado es una institución recordativa del poder creador es, entre todos los días, aquel en que deberíamos familiarizarnos especialmente con Dios por medio de sus obras. En la mente de los niños, el solo pensamiento del sábado debería estar ligado al de la belleza de las cosas naturales. Feliz la familia que puede ir al lugar de culto el sábado, como Jesús y sus discípulos iban a la sinagoga, a través de campos y bosques, o a lo largo de la costa del lago. Felices los padres que pueden enseñar a sus hijos la Palabra escrita de Dios con ilustraciones obtenidas de las páginas abiertas del libra de la naturaleza; que pueden reunirse bajo los árboles verdes, al aire fresco y puro, para estudiar la Palabra y cantar alabanzas al Padre celestial (La educación. p. 351).
La obra del cielo no cesa nunca, y los hombres no debieran nunca descansar de hacer bien. El sábado no está destinado a ser un periodo de inactividad inútil. La ley prohíbe el trabajo secular en el día de reposo del Señor; debe cesar el trabajo con el cual nos ganamos la vida; ninguna labor que tenga por fin el placer mundanal o el provecho es lícita en ese día; pero como Dios abandono su trabajo de creación y descanso el sábado y lo bendijo, el hombre ha de dejar las ocupaciones de su vida diaria, y consagrar esas horas sagradas al descanso sano, al culto y a las obras santas. La obra que hacía Cristo al sanar a los enfermos estaba en perfecta armonía con la ley. Honraba el sábado (El Deseado de todas las gentes, p. 177).
La santificación expuesta en las Santas Escrituras abarca todo el ser: espíritu, cuerpo y alma. San Pablo rogaba por los tesalonicenses que su «ser entero, espíritu y alma y cuerpo» fuese «guardado y presentado irreprensible en el advenimiento de nuestro Señor Jesucristo». 1 Tesalonicenses 5:23 (VM). Y vuelve a escribir a los creyentes: «Os ruego pues, hermanos, por las compasiones de Dios, que le presentéis vuestros cuerpos, como sacrificio vivo, santo, acepto a Dios». Romanos 12:1 (VM). En tiempos del antiguo Israel, toda ofrenda que se traía a Dios era cuidadosamente examinada. Si se descubría un defecto cualquiera en el animal presentado, se lo rechazaba, pues Dios había mandado que las ofrendas fuesen «sin mancha». Así también se pide a los cristianos que presenten sus cuerpos en «sacrificio vivo, santo, aceptó a Dios». Para ello, todas sus facultades deben conservarse en la mejor condición posible. Toda costumbre que tienda a debilitar la fuerza física o mental incapacita al hombre para el servicio de su Creador ¿Y se complacerá Dios con menos de lo mejor que podamos ofrecerle? Cristo dijo: «Amaras al Señor tu Dios de todo tu corazón». Los que aman a Dios de todo corazón desearan darle el mejor servicio de su vida y trataran siempre de poner todas las facultades de su ser en armonía con las leyes que aumentaran su aptitud para hacer su voluntad (El conflicto de los siglos, p. 466).
www.meditacionesdiarias.com
www.faceboock.com/meditacionesdiariass
m.youtube.com/c/MeditacionesDiarias/
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2024.
1er. Trimestre 2024 «EL LIBRO DE SALMOS»
Lección 13: «¡ESPERA EN EL SEÑOR!»
Colaboradores: Jeser Alejandro Tique y Esther Jiménez
