«Así menospreció Esaú la primogenitura». Génesis 25: 34
Esaú no amaba la devoción, ni tenía inclinación hacia la vida religiosa. Las exigencias espirituales que acompañaban a la primogenitura eran para él una restricción desagradable y hasta odiosa. La ley de Dios, condición del pacto divino con Abraham, era considerada por Esaú como un yugo servil. Inclinado a la complacencia propia, nada deseaba tanto como la libertad para hacer su gusto. Para él, el poder y la riqueza, los festines y el alboroto, constituían la felicidad. Se jactaba de la libertad ilimitada de su vida indómita y errante— Patriarcas y profetas, cap. 16, p. 158.
Hay muchísimos que son como Esaú. Representa a una clase de personas que tiene una bendición especial y valiosa al alcance de la mano: la herencia inmortal; una vida tan perdurable como la de Dios, el Creador del universo; una felicidad inconmensurable y un eterno peso de gloria; pero que por tanto tiempo han cedido a sus apetitos, pasiones e inclinaciones, que se ha debilitado su facultad de discernir y apreciar el valor de las cosas eternas.
Esaú experimentaba un deseo especial y dominante por participar de cierto alimento, y había complacido por tanto tiempo el yo, que no sentía la necesidad de apartarse de ese plato tentador y codiciado. Pensó en él, sin hacer ningún esfuerzo especial para dominar el apetito, hasta que el poder de este dominó cualquier otra consideración y lo sojuzgó. Entonces imaginó que sufriría mucha incomodidad, e inclusive la muerte, si no participaba de ese plato especial. Mientras más pensaba en él, más se fortalecía su deseo, hasta que su primogenitura, que era sagrada, perdió para él su valor y su santidad. — Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 36.
Esaú no se dio cuenta de que había pasado el momento decisivo de su vida. Lo que él consideraba como algo apenas digno de tenerse en cuenta, revelaba los rasgos prevalecientes de su carácter. Mostraba su deseo, lo que verdaderamente sentía por aquello que era sagrado y que debiera haber sido santamente apreciado. Vendió su
primogenitura por una pequeña complacencia en solucionar sus deseos inmediatos, y esto determinó el curso posterior de su vida. […]
Esaú representa a aquellos que no han gustado los privilegios que les pertenecen, comprados a un precio infinito, y han vendido su primogenitura por alguna satisfacción del apetito, o por el amor al dinero.— Comentario bíblico adventista, t. 1, pp. 1108, 1109.
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Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
