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Devoción Familiar 2023

NUESTROS CHASCOS NO SON LOS DE DIOS

Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes. APOC. 10:11.

¿Ha pasado usted alguna vez por una gran desilusión, una derrota personal? Nuestros chascos no son los mismos para Dios. Él puede transformar lo terrible en algo grandioso. Él es el Dios de los nuevos comienzos, el que transforma la tragedia en triunfo.

Los discípulos pasaron por el chasco más grande de sus vidas. ¿No estaría usted destrozado si aquel en quien usted puso su esperanza fuera ejecutado en la cruz?

¿Predijeron las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento la muerte de Jesús? ¿Podrían haberlo sabido los discípulos? ¿Podrían haber estado preparados? ¡Por cierto que sí! Ellos no comprendieron las predicciones del Antiguo Testamento. Ellos pensaban que el Mesías inauguraría un reino de gloria. No anticiparon el reino de la gracia.

Del chasco del año 31 d.C., Dios levantó la iglesia cristiana. El derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés le dio poder a la iglesia para llevar el evangelio al mundo.

Adelantémonos 1.800 años. Un pequeño grupo de creyentes estudió las profecías de Daniel y Apocalipsis.

Al repasar las profecías de Daniel, basadas en la profecía de los 2.300 años de Daniel 8:14, concluyeron que Cristo vendría el 22 de octubre de 1844. Estos primeros adventistas esperaron el retorno de Cristo con gran anticipación. Cuando él no apareció, se sintieron destrozados. Juan describió esta experiencia cuando predijo que se quitaría el librito (Daniel) de la mano del ángel y se lo comería (se lo estudiaría), y que sería dulce en sus bocas pero amargo en sus estómagos (véase Apoc. 10:9-11).

Esas profecías que una vez fueran tan dulces en su experiencia se tornaron terriblemente amargas. Se diluyó la dulzura del descubrimiento. La amargura de la desilusión amenazó apagar su fe.

La hora de su desilusión fue la hora señalada por Dios. Así como sus antepasados del siglo 1, estos creyentes no entendieron la naturaleza de la profecía. Jesús apareció a su tiempo en el santuario celestial, en la fase final de su ministerio, para terminar su obra en la tierra. Desde el santuario celestial él una vez más derramó su Espíritu para levantar al movimiento adventista para que se completara la predicación del evangelio eterno.

Tanto la iglesia del Nuevo Testamento como el movimiento adventista surgieron de una desilusión. ¿Qué sucedió con estas personas que estaban tan amargamente desilusionadas? Crecieron en un poderoso movimiento misionero, que proclama el mensaje final de Dios.

Nuestro Señor se deleita en tornar la tragedia en triunfo. Permita que él transforme hoy sus chascos en algo maravilloso.

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Lecturas Devocionales Familiares 2023

«SOBRE TIERRA FIRME»
Por: MARK FINLEY
Colaboradores: Familia Mariscal

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