Porque tú has sido mi refugio, y torre fuerte delante del enemigo. SAL 61:3.
Una noche, una periodista de Los Ángeles decidió ir a su casa por un atajo. Comenzó a caminar por un camino empinado y sin 3 luz. Al rato sintió pasos detrás y cada vez más cerca. De pronto un extraño la derribó y comenzó a estrangularla con su propio pañuelo.
En ese momento, a miles de kilómetros de distancia, la madre de esa mujer se despertó de un profundo sueño. Ella sintió un temor intenso de que algo terrible estaba por sucederle a su hija mayor.
La madre inmediatamente se arrodilló ante su cama y comenzó a orar. Con fervor habló con el Señor durante unos quince minutos, buscando la protección para su hija. Con la seguridad de que su oración había sido contestada, volvió a la cama y se durmió otra vez.
En el camino rocoso el asaltante de pronto se detuvo. La mujer lo vio voltear la cabeza por un momento, como si estuviese escuchando algo. Luego huyó cuesta abajo.
Esta mujer y su madre están seguras de que Dios fue su fiel liberador por causa de esa oración.
Es importante darse cuenta de que la fiel madre no estaba orando a un Dios lejano. Ella estaba familiarizada con su voz. Ella lo conocía lo suficiente como para saber que él le había contestado, y lo conocía lo suficiente para confiar en su protección. Cuando esa buena mujer se arrodilló ante su cama, ese fuerte poder estaba ciertamente muy cercano.
En la batalla entre el bien y el mal, la oración es un arma poderosa en las manos del creyente. A través de la oración son derrotadas las fuerzas del infierno. Elena de White escribe que «forma parte del plan de Dios concedernos, en respuesta a la oración hecha con fe, lo que no nos daría si no se lo pidiésemos así» (El conflicto de los siglos, p. 580). Cuando esta madre fiel oró, nuestro Señor comisionó a los poderosos ángeles para detener al asaltante de su hija. La influencia poderosa del Espíritu Santo lo convenció de que debía huir. Pero… ¿cómo explicar la dolorosa realidad de que algunos cristianos enfrentan asaltos, violaciones y asesinatos? ¿Es porque tienen falta de fe? ¿Es que no había nadie orando por ellos?
Por razones que no entendemos completamente, Dios usa el dolor, los desastres y el sufrimiento para acercarnos a él, e incluso cambia el mal del cual no es responsable para lograr sus propósitos a largo plazo. Además, Dios respeta la libertad de elección de aquellos que nos dañan, y no siempre interviene. Algunas veces en el gran designio de los acontecimientos, él permite que el mal siga su curso.
Es difícil entender esto, pero podemos confiar en él de todas maneras. Podemos seguir creyendo. Podemos seguir buscándolo. Podemos seguir orando, seguros de que él sí interviene. Él sí libera. Él sí contesta. Él no nos defraudará, y lo que aún no entendemos, él mismo nos lo explicará algún día.
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Lecturas Devocionales Familiares 2023
«SOBRE TIERRA FIRME»
Por: MARK FINLEY
Colaboradores: Familia Mariscal

