Es posible entender el concepto de justicia sin conocer la naturaleza de la justicia de Dios. Y esto precisamente nos lleva a intentar establecer nuestra propia justicia fuera de Cristo. La justicia es, en última instancia, la experiencia de un cambio de posición ante Dios. «Sin la presencia de Jesús en el corazón, los servicios religiosos no son más que un formalismo muerto y frío. […] Cuando Cristo está en nosotros como la esperanza de gloria, somos inducidos constantemente a pensar y obrar con referencia a la gloria de Dios» (Elena G. de White, A fin de conocerle, p. 194). Cuando Cristo mora continuamente en nosotros, reorienta por completo nuestras prioridades, nuestras respuestas y nuestros puntos de vista. No hay nada que permanezca inmutable cuando Jesús mora en el corazón.
El mensaje central de las Escrituras es el evangelio, y en el corazón del evangelio está el poder de Cristo sobre el pecado. Solo a través de la unión con Cristo se puede vencer el pecado; y esta unión es, en última instancia, un misterio. Es un misterio que Jesús se ofreciera voluntariamente para ser el sacrificio por el pecado; que el Creador divino del mundo pudiera entrar en el vientre de María y nacer como un bebé; que Jesús pudiera ser al mismo tiempo plenamente divino y plenamente humano; que él pudiera habitar en nuestro sucio corazón y limpiarlo.
En cierto modo, el hecho de que Jesús habitara en el corazón de personas corruptas no debería sorprendernos. Cuando nació en la tierra, su pesebre estaba en un establo sucio y maloliente. Si Jesús puede nacer en un lugar tan humilde y despreciado, no tengas duda de que puede entrar en nuestro corazón hoy sin importar la condición en que se encuentre, ni nuestro pasado, ni nuestras adicciones o lo que sea. No importa lo que hayamos hecho, Jesús es capaz de entrar si nos abrimos a él.
«Cristo en ustedes» no solo es un misterio, sino que además se describe como la «esperanza de la gloria» (Col. 1: 27). Una definición bíblica de gloria es que se refiere al nombre o al carácter de Dios. Tener a Cristo en el corazón significa que su carácter está impreso en nuestra vida. No es solo una teoría; se convierte en algo práctico y tangible a medida que la profesión de nuestra fe se manifiesta en nuestras palabras, acciones y pensamientos más íntimos. Mateo 7: 16 dice que seremos conocidos por nuestros frutos, y cuando Cristo está en nosotros, el fruto del Espíritu (ver Gál. 5: 22, 23) es evidente para todos. La salvación no es un proceso abstracto; es algo en lo que Jesús está comprometido personalmente con cada uno de nosotros, al morar en nuestro corazón. Esta profunda obra que Jesús hace en nosotros muestra el increíble amor y cuidado de Dios por nosotros.
¿Dónde ves a Jesús en Colosenses 1: 24 al 29?
¿En qué sentido puedes ver a Jesús en formas diferentes, o identificar algún rasgo nuevo de él?
¿De qué manera «que Cristo habite en nosotros» equivale a la experiencia que tuvo Cristo al permitir que su Padre habitara en él? ¿Hay alguna diferencia? (Juan 17: 20-23).
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4to. trimestre 2023 LA HERENCIA ADVENTISTA
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Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez

