domingo , 19 abril 2026
Matinal Para Jóvenes 2023

EL REFLEJO EN EL IRIS

BENIGNIDAD – SOLIDARIDAD

«Lo halló en tierra de desierto, en yermo de horrible soledad; lo rodeó, lo instruyó, lo guardó como a la niña de su ojo.» Deut. 32:10

Muchos modelos de actuación  surgen de la Biblia. Cuando Dios procede, es bueno observarlo. Es el caso de Deuteronomio 32:10, donde se relata cómo tomó al pueblo de Israel y lo cuidó. Las tres etapas de su comportamiento nos dan una buena pista para el desarrollo de nuestra  solidaridad.

Tal y como sucede  en la actualidad, los procesos solidarios comienzan  con la identificación de una necesidad  a la que atender. Israel era un pueblo que se hallaba en la confusión, en el desierto  de la identidad, sin conocerse a sí mismo. Los peligros le circundaban (en el original dice literalmente  que estaba solo pero rodeado de aullidos) y se sentía amenazado. Tenía, en este caso, necesidad  de identidad y de protección. Y Dios procede en consecuencia.

Primero, rodea a su pueblo. No es que merodee a su alrededor, sino que extiende sus brazos creando un espacio seguro. Es una actitud bien paternal, muy cariñosa. Dios pone su cuerpo, rodea con sus brazos para proteger al que ya está bastante lastimado. Nuestra primera  misión en la solidaridad es mitigar los factores que hacen daño. Cada situación precisará  una  acción distinta. Hay hambre, pues habrá  que comenzar alimentando. Hay violencia, pues habrá que evitar más agresiones. Hay pobreza, pues  habrá  que proporcionar  recursos. Sea como sea, hay que abrazar al necesitado.

En segundo lugar, enseña. No solo da el pez sino que le muestra  cómo se puede pescar. El desarrollo de la autogestión  es una bendición para las personas. Hay que instruir  con practicidad y de forma contextualizada. Educar no solo mejora el momento sino que modifica el futuro, cambia sociedades.

En tercer lugar, cuida. Y Dios nos cuida como a su pupila, como a la niña de sus ojos. Esa expresión  en el Próximo Oriente significa que nos cuida como lo más valioso de su ser, sus pupilas. ¿Sabes por qué se llama así? Porque los romanos veían reflejada una pequeña  figura, una niñita, en los iris de los demás. Pues bien, la figura que aparece en el iris de Dios somos nosotros, es nuestro reflejo. Dios no deja de mirarnos, de prestamos atención. Siempre nos cuida. Y nosotros hemos de proceder así porque la solidaridad  no funciona por antojos sino por interés continuado.

Abraza. Enseña. Cuida. No es tan difícil de recordar y si Dios lo hace, será por algo.

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Tomado de: Lecturas Devocionales para Jóvenes 2023
«CARÁCTER» SER COMO JESÚS Y DISFRUTAR DE LA ETERNIDAD
Por: «Víctor Manuel Armenteros Cruz»
Colaboradores: Isaí Cedano & Esther Jiménez A

 

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