jueves , 10 septiembre 2026
Notas de Ellen G. White 2023

EL DON DE LA HOSPITALIDAD

La  Biblia  atribuye  mucha  importancia a la práctica de la hospitalidad. No  solo ordena  la hospitalidad como un deber, sino además  presenta numerosos  ejemplos  del  ejercicio de esta gracia  y las  bendiciones que reporta.  Entre ellos se destaca  el  caso de Abraham.

En  el  libro  de Génesis,  encontramos   al  patriarca  de  Mamre  descansando  a la  sombra  de las  encinas  durante  la  cálida  tarde veraniega. Tres  viajeros se acercan. No  solicitan  albergue  ni  favor  alguno;  pero Abraham  no les permite seguir  su viaje sin refrigerio. El patriarca es un anciano digno  y rico, muy honrado,  y acostumbrado a dar órdenes; sin embargo,  al  ver a los forasteros  «salió  corriendo  de la puerta de su tienda a recibirlos, y se postró  en tierra».  Dirigiéndose hacia  el que encabezaba  el grupo, dijo: «Señor, si ahora  he hallado  gracia en tus ojos,  te ruego que no pases de tu siervo».  Génesis  18:2, 3. Él  mismo  trajo agua para que pudieran  lavarse el polvo  que había ensuciado  sus pies durante el  viaje;  eligió  la comida  y  dispuso  su preparación.  Mientras  ellos descansaban a la fresca sombra,  su esposa Sara preparó  los alimentos  y Abraham  permaneció respetuosamente junto a ellos  mientras  disfrutaban de su hospitalidad. Les manifestó  esta bondad  simplemente como a viajeros comunes,  como a forasteros  a quienes tal vez no volvería a ver (Testimonios para la iglesia, t. 6, p.  343).

Hay… muchos  para quienes  podemos  hacer  de  nuestro  hogar una bendición. Nuestras  relaciones  sociales no deberían  ser dirigidas por los dictados  de  las  costumbres  del  mundo,  sino por el Espíritu  de Cristo  y por la  enseñanza de su Palabra.  En todas sus fiestas  los  israelitas admitían al pobre,  al extranjero y al  levita, el cual era a la vez asistente del sacerdote  en  el  santuario  y  maestro  de  religión  y  misionero.  A todos se les consideraba como  huéspedes  del pueblo,  para  compartir la hospitalidad  en todas  las  festividades  sociales  y religiosas  y ser atendidos con  cariño  en casos  de enfermedad  o penuria.  A personas  como  ésas debemos dar buena acogida en nuestras casas. ¡Cuánto podría hacer semejante acogida para  alegrar y alentar al  enfermero  misionero  o al maestro,  a la madre cargada  de cuidados  y de duro  trabajo,  o a las  personas débiles y ancianas  que viven tan a menudo sin familia,  luchando con la  pobreza y el desaliento! …

El tiempo de que disponemos es corto.  Solo una vez podemos pasar por este mundo; saquemos, pues, al  hacerlo, el  mejor provecho  de nuestra vida.  La tarea  a la cual se nos llama  no requiere  riquezas, posición social ni gran capacidad. Lo que sí requiere es un espíritu  bondadoso  y abnegado y firmeza  de propósito. Una luz, por pequeña que sea, si arde siempre,  puede  servir  para encender  otras  muchas. Nuestra  esfera  de influencia, nuestras  capacidades, oportunidades  y adquisiciones podrán parecer  limitadas;  y  sin  embargo  tenemos  posibilidades  maravillosas si aprovechamos  fielmente  las oportunidades  que nos brindan nuestros hogares.  Si tan solo queremos abrir nuestros corazones y nuestras casas a los divinos principios de la vida, llegaremos  a ser canales  por los que fluyan corrientes  de fuerza  vivificante  (El ministerio de curación, pp. 272-274).

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2023.
4º. Trimestre 2023 «LA MISIÓN DE DIOS: MI MISIÓN»
Lección 4: «COMPARTIR LA MISIÓN DE DIOS»
Colaboradores: Ana Hironymus & Esther Jiménez

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