“Además el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo, y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo” Mateo 13:44
El Estado de Colorado, Estados Unidos, tiene un rico pasado en lo que respecta a la explotación de minas de oro y plata. En los días del Lejano Oeste, Horace Tabor —uno de los empresarios mineros más exitosos de Colorado— amasó una enorme fortuna, gracias a la mina Matchless Mine que tenía cerca del arroyo Cripple Creek.
Lamentablemente, la riqueza “se le subió a la cabeza’ y pronto comenzó a dedicarse sólo a satisfacer sus caprichos. Entre otras cosas, se divorció de su esposa y se casó con una hermosa mujer mundana, conocida como Baby Doe. Pero al poco tiempo les sobrevino la desgracia. Bajó el precio del oro y de la plata, y Tabor acabó hundido en deudas. Murió pobre y acongojado, no sin antes despedirse de Baby Doe con el siguiente consejo:
Ten fe en Matchless Mine. No te des por vencida. Te va a devolver lo que yo perdí.
Su promesa no pudo cumplirse. La mina se perdió por embargo de bienes hipotecados. Con el permiso de los nuevos dueños, Baby Doe se mudó a una choza desvencijada, cerca de la mina, y vivió allí hasta su muerte, en 1935. La mina ya no dio para más… Si Baby Doe esperaba —contra toda esperanza— hacerse rica con ella, su esperanza nunca se concretó…
Hay una mina que jamás se agota, es una fuente inagotable de riqueza; una mina de verdad. Las riquezas de su gracia no pueden extinguirse. Jesús es el tesoro escondido en el campo. En comparación con todo lo que tenemos, nuestro Salvador es aún más precioso.
Algunos ven como sacrificio dejar algo de menor valor para obtener algo de más valor. Por ejemplo, dejar de fumar les representa un sacrificio; sin embargo, cuando abandonan este hábito dejan algo de menor valor, los cigarrillos —que aumentan el riesgo de contraer cáncer o enfermedades cardiacas—, por algo de más valor, la buena salud. El amor de Jesús es aún más valioso. Al recibir a Jesús, recibimos paz, perdón, poder y propósito.
Piense en ello. Cuando Jesús entra a nuestras vidas, recibimos paz una sensación de calma y seguridad. Cuando Jesús entra a nuestras vidas, recibimos perdón en él: nos libra de la culpa de nuestros errores y fracasos pasados, y silencia las voces acusadoras de nuestra conciencia condenatoria. En Cristo recibimos poder. Cuando Jesús entra a nuestras vidas, nos imparte poder sobrenatural para vivirla como conviene: él es más fuerte que cualquier hábito que pudiera dominarnos.
El poder de la gracia divina es mayor que el poder del pecado. En Cristo tenemos un nuevo propósito por el cual vivir. Él reorienta nuestra vida, le confiere sentido. No hay en el mundo mayor tesoro que él. Nada ni nadie es más valioso ni más precioso que Cristo, la mina que jamás se agotará.
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Lecturas Devocionales Familiares 2023
«SOBRE TIERRA FIRME »
Por: MARK FINLEY
Colaboradores: Familia Mariscal & Paty Solares
