jueves , 30 abril 2026
Lección Primarios 2023

PERDIDA Y HALLADA

VERSÍCULO DE MEMORIA 

“Así también, el Padre de ustedes que está en el cielo no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños” (Mateo 18:14, NVI).

EL MENSAJE

Cuando me alejo de Jesús,él viene a buscarme.

¿LO SABÍAS ?

Los pastores eran expertos rastreadores y muchas veces arriesgaban sus vidas por encontrar la oveja perdida.

Mateo 18: 12-14; Lucas 15: 3-7; Palabras de vida del gran Maestro, pp. 145-151. 

Carla, una niña de siete años de edad, estaba  con su mamá en el supermercado. De pronto se detuvo a observar  a un hombre que estaba  demostrando cómo echar a volar un avioncito de juguete. Cuando vio a su alrededor,  ya no podía ver a su mamá. Carla tenía miedo. Estaba perdida y no sabía qué hacer. Hace mucho tiempo, se perdió una pequeña oveja. Vamos a ver lo que sucedió.

Briznas de maleza se pegaban a la lana de las cansadas ovejas al avanzar por el camino por donde el pastor las guiaba suavemente. El sonido de sus pezuñas raspando sobre las piedras, mezclando con el balido de las más pequeñas, era como música en los oídos del pastor.

“Ven aquí”, le rogaba sonriendo el pastor a la inquieta oveja. El redil ya estaba a la vista. Como la mayoría de los rediles del área, era un lugar que el pastor había hecho que fuera seguro. Había apilado piedras una encima de otra y luego las había rodeado por fuera de plantas espinosas.

Finalmente, el pastor y las ovejas llegaron a la puerta del redil. El pastor prestaba atención a cada una de sus ovejas. Al ir entrando una a una por la puerta del redil, el pastor revisaba cuidadosamente que no tuvieran cortadas o golpes. Pasaba sus fuertes, pero tiernas manos sobre  cada oveja. Les hablaba palabras que las consolaban y les curaba las heridas. Los impacientes animales chocaban unos con otros tratando de llegar rápidamente a donde iban a descansar. Cansado y hambriento, el pastor se alegraba también de regresar a su casa.

“Noventa y cuatro, noventa y cinco, noventa y seis”, seguía contando en voz alta el pastor. “¿Noventa y nueve? ¿Cómo noventa y nueve?” pensó el pastor. “Estoy tan cansado que seguramente no conté bien”.

Nuevamente y muy despacio, volvió a contarlas. Una expresión de desagrado cruzó por su rostro. “Noventa y siete, noventa y ocho, noventa y nueve. Se fijó en cada ovejita, en cada carnero y en cada cordero. ¡Oh, no! ¿Dónde estaba esa pequeña oveja que el pastor había estado llamando para que regresara a la manada? Allí estaba hasta hacía muy poco tiempo. Ahora no se veía por ninguna parte.

La oveja número cien  podía estar en  cualquier parte.

El pastor cerró  cuidadosamente la puerta del redil. Se regresó nuevamente por  el camino que acababa de venir  a pesar de que  se acercaba una gran tormenta. Comenzó a llamar a su oveja perdida. Tengo que escuchar con cuidado”, pensó. “Con este viento soplando tan fuerte va a ser muy difícil escuchar, especialmente si mi oveja está lastimada”.

El pastor llamaba a su oveja y luego se detenía a escuchar. Entonces volvía  a llamarla. Iba avanzando con  cuidado en  medio de la oscuridad hacia la zona más  pedregosa del camino. “¿En dónde estás, pequeña oveja?”, se decía  a sí mismo el pastor.

Una  lluvia punzante comenzó a hacer muy  resbalosas las piedras. El viento soplaba con furia. ¿Cómo  había podido alejarse tanto esta pequeña oveja en  tan  poco  tiempo?

Colocándose nuevamente la mano detrás de la oreja  tratando de escuchar mejor,  el pastor se detuvo. “¡Sí!”, gritó  en  medio de la tormenta. “¡Sí, te he  encontrado!”

Allí estaba la ovejita. Estaba atorada entre un montón de piedras, enredada entre espinas  y sangrando.

“Tranquila,  vas  a estar bien  muy  pronto”. Las suaves palabras del pastor tranquilizaron a la asustada oveja. El pastor le desenredó las ramas espinosas y tomo a la oveja en  sus brazos. “¡Estoy tan  contento de encontrarte!”, mur- muró.  “Vamos  a casa”.

El fuerte pastor regresó nuevamente por  el resbaloso camino. Pero  esta vez iba sonriendo. Esta vez llevaba en  sus brazos a su oveja rescatada. Al entrar a su casa,  el pastor la colocó  suavemente sobre el suelo.

“¡Llamen a los vecinos!”, gritó  jubilosamente. “¡Encontré  a mi oveja perdida!”.  Estaba tan  feliz, que quería compartir las buenas nuevas con  sus amigos.

Cuando nos  alejamos de Jesús,  él también viene a buscarnos. Nosotros somos sus “ovejas”. Él nos  ama mucho y está  muy  feliz cuando todas sus ovejas están nuevamente seguras dentro del hogar.

www.meditacionesdiarias.com
www.faceboock.com/meditacionesdiariass
m.youtube.com/c/MeditacionesDiarias/

Lección de Escuela Sabática para Primarios 1re Trimestre 2023
Lección: #5 «PERDIDA Y HALLADA »
Colaboradores: Mayra Leyva & Esther Jiménez A

Matinales relacionados

ACTIVIDAD – V I E R N E S

        L E E Durante el culto familiar, lee...

ACTIVIDAD – J U E V E S

      L E E Lee y comenta con tu familia...

ACTIVIDAD – M I É R C O L E S

  H A Z  Durante el culto familiar, pide a los miembros...

ACTIVIDAD – M A R T E S

L E E Durante el culto familiar, pide a tu familia que...

Copyright 2026